miércoles, 20 de julio de 2016

Mariela y Andrea vuelven loco al Sr. Luis. paneles 1, 2 y 3

El sr. Luis anda un poco excitado últimamente a causa de Tony, el nieto de su amigo Paco. 
Para más inri, la vecina de Luis, Josefina, recibió hoy la visita de su hijo Manolo y sus nietos, Mariela y Andrés. Hacía tres años que Luis no veía a esa familia. Recordaba con cariño cuando los dos hermanitos venían a su casa, invitados por la mujer de Luis (que en paz descanse), para bañarse en la piscina de su casa. Mariela era una adolescente muy calentorra que siempre que podía rozaba su cuerpecito contra él.
Su hermanito, año y medio más joven, era un niño de 11 años delicado y tímido.
Ahora, tres años después, Andrés había cambiado...





domingo, 17 de julio de 2016

Street TV parte 5 FINAL

CAPÍTULO DÉCIMO CUARTO
COINCIDENCIAS

El teléfono móvil suena y del otro lado un interesado en conocerme, hombre maduro con departamento a disposición y vehículo, concretamos una cita para el sábado en la noche y detallamos todo.
A las ocho de la noche estaba lista y preparada, había tenido un día sencillo además de no contar con nadie en casa para preparar mi arreglo sin preocupación alguna. Mi madre se encontraba de viaje por un par de días, y yo respondía al llamado del sujeto que me esperaba por cercanías a mi domicilio, abordé su auto y nos fuimos con dirección aún incierta, me comentó que tenía que pasar por la casa de un familiar antes de dirigirnos a su departamento, a lo cual yo accedí con tranquilidad.
Estábamos por el oeste de la ciudad en un lugar céntrico, él estaciona su auto y me dice que lo espere al menos una media hora, yo sin mayor problema y con un trago de ron y cigarros a mano le doy mi aceptación, me observaba en su espejo retrovisor y veía la buena línea que tenía el maquillaje de mi rostro, estaba con unos tacones abrazados al tobillo desnudo el empeine y en la punta una boca de pez que cubría mis dedos, una mini falda corta de mezclilla, una blusa ajustada, el pelo casual bisutería muy juvenil y las piernas al viento desnudas, una chaqueta cueriza me abrigaba y estrenaba unas pestañas largas y finas además de las uñas postizas en color crema.
Bebí y desemboque mis ganas en la curiosidad de darme una vuelta por aquella calle y su cercana avenida además de una plaza llena de ambientes de comida y bebida, un pequeño ambiente me llamó la atención a metros del vehículo donde me encontraba, salían hombres mayores y con tragos encima, era un club de esos donde se bebía, jugaba y reía entre amigos, entonces que veo el reloj y pasaban los treinta minutos que acordé con mi cliente, por lo que salgo del vehículo y me alejo unos metros para ponerme casi frente a dicho club.
Botella personal en mano y cigarrillo en boca me exhibo para gusto y antojo de aquellos maduros caballeros; sus miradas me desnudaban y sus sonrisas sobrepasaban la perversión, pero no se animaban a cruzar la calle y entablar conversación, la noche se acercaba a las diez, pero no tenía suerte alguna con los viejos esos, inocente de mí que regresó al vehículo, cuando segundos pasaron y a quién vi salir lo reconocí de inmediato, era mi padre, que extraño encontrarlo por estos rumbos y a esas horas, yo me encontraba como a cuarenta minutos en carro lejos de casa, y él, no lo sabía con certeza pues no tenía idea alguna de donde vivía, pero por aquella zona no lo imaginaba viviendo.
Salí presurosa y me puse entre se rango de vista, él me miro pero no hizo nada, estaba acompañado de amigos, yo me quedé algo decepcionada, ¿acaso no me reconoció como Daniela la muñequita más linda que dijo haber visto? Pero mi impaciencia fue la culpable porque de haber esperado entendería mejor las cosas, el grupo de viejos recorrió un corto trecho y acudió a los servicios de un taxi, él por supuesto que se quedó, imagino que inventó alguna excusa, vio alejarse el taxi y de inmediato cruzo la vereda para acercarse a mí pero a una distancia prudente, porque entendí que frente al club podría ser visto por conocidos suyos, ya que me llamo en voz baja diciendo:
  • Muñequita ven aquí
Yo caminé hacía él y hacía el lugar que a poca luz lo cobijaba.
Me vio y dijo que me reconocía en el instante presente, pues imaginó que era otra travestí porque tampoco imaginó encontrarme por aquellos lugares. Le dije que estaba un vehículo señalando tal, y que espera a un cliente para dirigirnos a su departamento, nuevamente el riesgo de ser reconocida por él como su hijo era mínimo y hasta casi inexistente, ya tenía por hecho en su conciente que yo era otra persona pues no pasaba por su imaginario mi presente.
Me dijo que había quedado con ganas la otra ocasión en aquella cancha deportiva de la plaza esa, pero yo rebusqué en sus respuestas, dándome por entendida de que él no intimaba con maricones, me tomo de la cintura y me dijo que no era un maricón, sino una muñequita que los maricones eran aquellos de aspecto y vestimenta varonil que aún así gustaban de hombres, según él mi aspecto era plenamente femenino, mientras recordé que en la adolescencia me decía que me estaba convirtiendo en todo un hombre.
Dijo que me compraría en la esquina una bebida de ron igual a la que tomaba, le acepté por supuesto, a los pasos de vuelta al vehículo de mi cliente resultó existir un estrecho pasaje que comunicaba con otra calle y que era discreto y hasta escaso de luces, sin imaginarme sus intenciones, deje que me conduzca cuando me sugirió conversar en una de las banquetas de aquél pasaje peatonal, yo miré rápidamente al interior del carro, y vi que mi cliente ni por si acaso aparecía, nos dispusimos a tomar asiento, o al menos esa era mi intensión, cuando de repente siento sus manos rodeando mi cintura, y de inmediato mi temperatura corporal subió poniéndome extasiada y nerviosa.
Me dio la vuelta y me dijo que estaba muy linda, me abrió la chaqueta y tocó mis pequeños pechos rellenados me dijo que me sentaba bien el tamaño de esos pechos pues parecía una jovencita en estado de crecimiento, seguidamente se desabrochó el cinturón y abriéndose el pantalón dejo ver su miembro, yo quedé sorprendida por la acción pues ni en sueños la esperaba, mucho menos tan deprisa, no pude evitar desviar la mirada y sentirme incómoda, cuando de pronto el me preguntó:
  • ¿No te gusta mi verga?
  • No es eso, (respondí) se supone que no llegas a esto con muñequitas como yo.
  • No te voy hacer el amor, solo quiero que la toques y la metas en tu boquita.
Al escuchar aquellas palabras fui perdiendo la sensación de incomodidad, repitió que deseaba que se la toque, y fue en ese momento en que baje la mirada para verle la polla a mi propio padre, y dejé de sentirme su hijo, o sangre de su sangre, cuando quedé deslumbrada. Pocas veces le había visto el pene a mi padre cuando aún era niño, y menos con el morbo o el deseo que sentí en aquél momento.
Era enorme aún dormida, como unos doce centímetros le calculaba, le colgaban un par de testículos grandes, y su piel era clara también en sus partes íntimas.
La luz de aquél lugar a pesar de ser escasa me dejaba apreciar su delicioso pene, acerqué mi mano instintivamente, tomé su pene con los dedos, y comencé a masturbarlo, lo sujeté para alejarlo de las sombras y así poder verle a más detalle la verga, la sentía calentarse a cada segundo mientras que con la mano hacía la maniobra de ordeño, su glande reventaba en un tono rosado, su prepucio era largo y se desplegaba hacía la base, su tronco era rígido.
Mi lengua humedecía mis labios repetidas veces como saboreándose a si misma por el antojo, ambos estábamos silenciosos momentos previos al inicio del sexo oral, me puse de cuclillas frente a su pene, en plena intemperie, la gente yacía en los lugares de comida o en los sitios de baile, en las calles solo vehículos a velocidad, peatones casuales en las calles laterales al transversal pasaje donde nos encontrábamos, los cuales no se percataban de nada. A la vuelta de la pequeña esquina el vehículo de mi cliente, realmente era estrecho aquél sendero que nadie transitaba, era el momento, no podía creerlo estaba a centímetros de distancia del pene de mi padre, borré la culpa de mi consciencia y procedí a respirar una bocanada del cigarrillo que traía en mano, tomé un buen trago de ron de la botella y luego exhale el humo del cigarrillo, para posteriormente acercarme despacio a su sexo, los segundos parecían horas, y sus ansias lo delataron cuando vi sus líquidos pringarse en su glande, saque la lengua y los lamí, ya había ocurrido, había tenido un contacto incestuoso, un trato sexual prohibido entre consanguíneos, no había vuelta que dar, y sinceramente me consumían las ganas, el morbo, la lujuria, la perversión… abrí mi boca de manera agigantada imitando el grosor de su tronco, lo introduje a mi boca y procuré llevar su pene hasta el fondo, mi nariz rozó su vientre y mi mano suelta acarició sus bolas, comenzó el éxtasis, repetidas veces sacaba y metía su miembro en mi boca, lo lamía a momentos y la volvía a tragar, me la engullía hasta el fondo, la llenaba de abundante saliva y la masturbaba con la mano, un instante subí la mirada y él miraba hacía el cielo oscuro de la noche, suspiraba guturalmente desde la garganta y me sujetaba la cabeza con ambas manos tocando mi pelo.
En simultáneo escuché una bocina fuerte y repetitiva, era mi cliente en su coche llamándome de seguro, me saqué la pija aquella de la boca, y me levanté presurosa mientras me limpiaba los lados del rostro mojado por mi propia saliva y los jugos de mi padre; me excusé de inmediato él buscaba los porqués, y yo solo le repetía, mi cliente, mi cliente. Lo dejé colgado por completo, con los pantalones abajo y la polla rígida, llegué al final del pasaje y confirmé el llamado de mi cliente que atinaba a darme un par de bocinas más, le hice un saludo con la mano y dio las luces altas para reconocerme de inmediato, nos marchamos del lugar en su vehículo a prisa, mientras en aquél callejón deje a papá sentado en la banqueta.

CAPÍTULO DÉCIMO QUINTO
SIMILITUDES TERMINALES

Varios capítulos sexuales habían acontecido entre mi pareja formal y yo, travesuras y cosas inéditas, y es que estábamos llegando ya a los dos años de relación, recuerdo que tenía detalles conmigo para festejar algunas ocasiones conmemorativas a la fecha en que salimos juntos por vez primera, pero ese día no era justamente uno marcado en el calendario cuando me llamó al teléfono móvil.

Estaba algo desganada en casa, pero su llamada matutina me encendió la chispa de las ganas, fue entonces cuando sin planificar tal acontecimiento otro llamado me confirmó una cita para la misma noche, configuré un plan y a mi cliente lo apunté para las nueve de la noche, mientras que a mi pareja lo apunté para la media noche.
Mi plan era atender al cliente con margen de dos horas para disponer, y compartir desde la medianoche hasta la madrugada el tiempo con mi pareja.
Pasadas las nueve salí de casa mientras estaba confirmada la espera del cliente a cuadras de mi domicilio, llevaba yo un fino vestido en blanco y negro, ajustadísimo como me gustaban a mí, micro falda que a los lados tenía agujetas para amarrarse y un escote en V que dejaba apreciar la otra pieza del vestido que sujetaba mis falsos pechos, me puse unas medias negras con soporte de silicona que llegaban a la altura del muslo, de textura lisa y con adorno de encaje en el soporte, muy de prostituta, pero así me pidió ir vestida mi cliente, manillas en las manos, aretes colgantes y largos, un collar insinuante que se metía por entre mis pechos, el cabello negrusco peinado de forma elegante y aroma de mujer como perfume, esta vez salí sin abrigo que ocultara mis ropas, un bolso en la mano y cigarro en boca me dirigí al lugar convenido con ese par de tacones nariz de tiburón y de taco veinte con terraplén, estaba divina, pero tenía una etiqueta de zorra por todas partes.
Mientras caminaba luciendo mi figura los piropos de los hombres a esa hora eran de tonos fuertes y vulgares, pero yo estaba enclavada en las imágenes de fotografías que había estado viendo en casa en anteriores días, todas relacionadas al tema de la familia y de mis padres, por los hechos acontecidos hace ya meses con mi padre; una foto llamó mucho mi atención y de la cual no tuve que hacer muchas averiguaciones, había sido tomada cuando mi papá había cumplido sus veintiún años de edad, llevaba una chaqueta de cuero negra, una pantalón de vestir tipo campana y una chompa de cuello alto, era muy distinto en su juventud opiné.
Fue entonces cuando a cercanías del lugar de cita levanté la mirada y vi a un tipo parecido a él, le sonreía porque me lo hizo recuerdo, y me pase de largo, me senté en una banqueta en la plaza y el tal cliente no parecía por ningún lado, el timbre del celular me sacó de onda y apresurada contesté, era el dichoso cliente diciendo que estaba por ahí pero le respondí que yo no lo veía, me pregunto si llevaba un vestido con los detalles ciertos al presente, y le dije que era yo en persona, me dijo que nos habíamos cruzado instantes previos. Supuse de inmediato que era el jovencito que me hizo recuerdo a la foto que comentaba a voces internas conmigo misma, entonces colgué cuando lo noté acercándose a unos metros, lo saludé con cortesía, pero denoté mi recelo por su edad, parecía algo jovenzuelo, pero me dijo que tenía veintidós años, falló por un poco la coincidencia, nos acercamos a la banqueta y conversamos mientras el sujetaba un ron de la marca que prefiero y una cajetilla de cigarrillos que yo le había pedido previamente a nuestra cita.
Lo observaba mientras me hablaba haciéndose a los interesantes, tenía un parecido en porte y presencia al joven de la foto, inmediatamente me sentí atraía y me comporté algo melosa con él, me apresuré a desabrocharle los pantalones para encontrar mayores coincidencias, y me sentí complacida al notar el parecido de aquella verga con la de mi padre, acrecentó más mi morbosidad, deseo, y lujuria, entonces sentados en la banqueta yo tomé su miembro y me lo llevé rápidamente a la boca para complacerlo con mis magníficas chupadas, percibí que el muchacho deliraba de placer y que su pene reaccionaba al mínimo contacto, entonces le dije que me lo metiera, el observo alrededor, dio un vistazo al reloj y me dijo que ya eran las once de la noche, entonces me alarme un poco, por lo que tomé la iniciativa y lo conduje a un espacio más discreto en inmediaciones de un parque que quedaba a la vuelta de la plaza en la que nos encontrábamos, lo sujeté del pene y como si estuviera tomándolo la mano lo conduje por mi rumbo, él se alarmaba pensado en que alguien nos vería pero yo me negaba a soltarlo.

Ya en el parque infantil nos acomodamos donde pudimos, para nuevamente introducirme su pene en la boca y lograr su erección, no tarde nada cuando me puse de pie y dándole la espalda me introduje aquella tan parecida verga, él estaba ardiendo tanto que olvidó pedirme que le pusiera el preservativo, yo feliz por conveniencia me metí rápido esa polla aunque sintiera algo de dolor al hacerlo, sus movimientos eran bruscos y su experiencia escasa para satisfacer a una mujer, pero yo deje volar la imaginación cuando mi fantasía le ganó a la realidad, voltee la mirada y vi el rostro de mi padre, era él, exactamente como lo recordaba en nuestro último encuentro.
Me acariciaba la espalda bajando por mi cola y llegando hasta mis piernas, se movía con vehemencia, y yo llegaba a desprender alaridos de placer, sorpresivamente me puse frente a él, y le dije que levantara mis piernas con sus brazos y me penetrara en aquella pose de pie y yo colgada de su cuello, sentía sus labios besándome, y entonces besé su boca y le dije:
  • Papi, papi te estas cogiendo a tu hijita, te estas cogiendo a tu hijita…
El asentía con la cabeza a todas mis frases inducidas, de pronto bajó mis piernas con cuidado mientras retomaba el equilibrio y sentí su semen explotar con dirección a mi pene, me quedé congelada, cuando volví a recuperar los sentidos y me di cuenta que el tipo que había eyaculado sobre mí no era mi padre sino mi cliente.
Recuperé el aliento y tome un trago de ron dando chispa al encendedor para encender mi cigarrillo, cuando escuché las tontas frases del muchacho aquél alardeando por haberme hecho sentir tanto placer, lo miré y solo atiné a decirle que yo podía fingir el mayor orgasmo solo para complacer a un cliente que pagaba por mis servicios, el tipo me alcanzo el dinero y se largo en silencio a tiempo que yo le pronuncié un chao entonado.
Me fije la hora y las agujas del reloj se acercaban a la una de la mañana.
Exclamé una palabrota, apresurada revisé el celular y mi pareja había llamado más de diez veces.

CAPÍTULO DÉCIMO SEXTO
EUFORIA TOTAL

Lo esperé en la plaza conmemorativa a las mujeres me quedaba cerca pues él estaba a las cercanías y conocía bien mi lugar preferido. Entonces le ofrecí disculpas le dije que había hecho de todo para salir de mi casa pues mi madre con sus repetidas sospechas controlaba con más recelo mis pasos; tomamos un taxi y fuimos directo al motel donde siempre nos dábamos gusto con aquellas comilonas sexuales, en el trayecto el taxista no dejaba de verme las piernas aprovechando las luces encendidas y exageradas en el interior de su vehículo.
Escogimos la habitación tradicional y comenzamos a beber con ánimo y a impregnar el cuarto con el aroma de canela proveniente del cigarrillo, pasó alrededor de una hora compartiendo la charla y el ron abundante mientras la televisión nos mostraba escenas de sexo explícito en un canal pornográfico. Yo estaba con las emociones alteradas, los sentidos dispersados, y pedí permiso para ir al cuarto de baño del motel, por el coste bajo, el baño era compartido en las habitaciones del primer piso, ingresé al baño de damas y cuando iba de retorno a mi habitación que me cruzo con una pareja que iba por el pasillo rumbo a una pieza, ella era una rubia alta y robusta, traía un vestido rojo de fiesta que le resaltaba los pechos, cuando dirijo la vista hacia el hombre que la acompañaba me doy cuenta de que era mi padre, que manera de coincidir, en más de cinco meses lo había visto cuatro, él me miro de frente y con descaro me saludo diciendo:
  • Hola muñequita, ¿otra ves por aquí?
¿Cuándo me había visto él por ahí? si esta era la primera vez, atrevido… lo salude diciendo:
  • Hola papi, otra vez nos encontramos pero ella (refiriéndome a la mujer) no es la misma de la otra vez.
La tipa se hizo de oídos sordos y exageró su estado alcohólico; él me dijo que estaría en la habitación número diez, y yo le dije que estaba en la número siete.
Que locura estábamos compartiendo el mismo hotel, por aquella noche claro; yo ingresé al cuarto donde mi pareja me esperaba listo para la acción, y después del calentamiento con el sexo oral le lamí los testículos para luego ponerme de cuatro y a su merced, entonces que me la clava con fuerza, me hace el amor en todas las posiciones y de manera ardiente, besándome con locura y yo respondiendo igual, me imaginaba lo que hacían aquellos que me cruce por los pasillos, y comencé a terminar, a mear, a expulsar ese orgasmo de orina transparente, y me la pringaba por todo el cuerpo, el vestido estaba a los pies de la cama y yo solo tenía la pieza bicolor que me sujetaba los pechos, solo llevaba las medias puestas y los tacones, el hilo dental negro estaba bajo la almohada escapándose a la vista, cuando después de múltiples orgasmos me puse a hacer cuentas, esta vez fueron como quince o doce veces, le pregunte que por qué la traía tan dura, pues esa era la causa de mis abundantes chorros y me dijo que había comprado la pastillita azul de la que le hable, me pareció divino, lo besé y le dije:
  • Me encantas, haces todo para complacerme
Él me beso y me abrazó cuando en un acto reflejo nos recostamos en la cama, no había eyaculado aún pero me había cogido de maravilla por más de una hora, pues yo detallaba el tiempo por costumbre propia, daban las tres y media de la madrugada cuando nuevamente y con la excusa de ir al baño salí de la habitación, mi pareja no sospechaba nada, además no era la primera vez que me salía de rato en rato con la misma excusa, y desnuda como perra en celo, varias habían sido las veces que me deje sorprender adrede con los clientes momentáneos en el motel aquél e incluso tuve suerte cometiendo algunos pecadillos sexuales pasajeros.
Fui al baño por un corto momento para luego dirigirme a la habitación número diez, acerqué el oído a la puerta y escuché gemidos de placer en tono femenino, mientras un graznido salía de la boca de aquél hombre, mi papi estaba cogiendo, disfrute unos cuantos minutos a tiempo que me auto complacía masturbándome con una mano y con la otra introduciéndome los dedos por el ano, que para esa hora estaba sumamente abierto como buchaca de mesa de billar.
Las exclamaciones de placer cesaron y cuando precisamente alejaba mis oídos de aquella puerta, la veo abrirse de repente, dándome de cara con el susodicho; completamente desnudo y saliendo con rumbo al baño para echarse una meada después de eyacular, tras cerrar la puerta de la habitación me dijo que lo siguiera y yo inmutada obedecí, me preguntó si estaba excitada por haberlo oído culeando, y le dije que sí, seguramente quieres gritar igual me dijo, y yo solo reí, le dije que estaba con mi pareja y que minutos antes había gritado y cogido de igual forma.
Entonces preguntó por qué me había encontrado con las orejas pegadas a la puerta, yo le dije que por pura curiosidad. Toda aquella charla se llevaba a cabo mientras de la manera más normal y tranquila él paseaba su verga frente a mis ojos, y hasta orinaba delante de mí en el baño, yo antojada desviaba mi mirada de rato en rato, hasta que obviamente él se percató y me dijo:
  • Veo que estas antojada
Le confirme con la cabeza mi antojo, entonces él me sujeto de la nuca para acercarme la boca a su verga yo la tomé con las dos manos mientras de dije:
  • Te la chupo con la condición de que me dejes verte culear con la rubia
Aceptó mi propuesta y entonces volví a comerme su polla, la tragaba con la boca y la ordeñaba con la mano sentía los fluidos entre mezclados de semen, orina y vagina, pues me di cuenta de que no había usado preservativo alguno con aquella mujer. Comencé a desesperarme deseando provocarle una eyaculación pero su pene estaba flácido a pesar de tener su tamaño normal, no estaba tieso y supuse que era porque había terminado anteriormente. Le comenté mi deseo de verlo terminar en mi boca, y fue cuando me invitó a su habitación, le consulté sobre su compañera de cuarto, pero me dijo que no habría problema pues estaba por completo ebria y en ese estado se dejaría hacer cualquier cosa por él, entonces le dije que iría a echar un ojo a mi habitación y que me pondría más presentable, él aceptó pero me dijo que no tardará mucho, corrí apresurada, y en la habitación yacía mi hombre durmiendo, pobre, seguramente era por su arduo trabajo, pero que conveniente para mí, entonces me arregle y me puse guapa, para luego salir con dirección sabida, pero antes destapé las sábanas para darle una chupada inocente a esa verga que me había hecho gozar tanto y un beso agradecido.
Ya en la puerta de la habitación diez, pude advertir que se encontraba entre abierta, cuando me dispongo a pasar sin llamar, y me encuentro con una sensacional escena, ahí estaba la rubia y robusta mujer chupándole la verga a mi papi, yo de inmediato me uní a la fiesta y mientras acariciaba esos enormes senos de pezones rosados lamía los testículos de mi padre, él estaba de pie sobre aquella cama, la rubia de rodillas al igual que yo, el hombre disfrutaba de nosotras y de nuestras jugosas lenguas y continentes bocas, para acto seguido intercambiarnos el turno para engullirnos esa polla enorme dura que estaba a mil, y nuevamente reluciente para satisfacer nuestro placer, yo me temía ser excluida a la hora del coito sexual pero me consolaba el hecho de ser la afortunada depositaría de su leche.
Aquél delgado y bigotudo semental tomó en sus manos aquella polla y nos la azotó a ambas entre las mejillas que ambas atinamos a juntar. Se bajo de la cama y nos puso una a lado de la otra en posición de cuatro al borde del aposento, y yo imitando a la mujer apoyé mi cabeza en la almohada dejando completamente empinada la cola y dispuesta a obedecer a sus antojos, él me quito las braguitas, el hilo dental negro, y primero nos dio de nalgadas a ambas, de reojo observé rojizas las nalgas de la hembra madura, y supuse que las mías estarían igual con la diferencia de tonos de piel, pues yo era morena clara y la otra rubia.
El instante pasó de doloroso a gratificante cuando comenzó a lamer mi ano con su lengua y a intercalar las lamidas con la vulva y ano de la mujer, nos hizo deleitar en placer, cuando de pronto sentí un silencio expectante y cuando levanto la cabeza lo veo portando un objeto grueso de látex parecido a un juguete consolador pero de gran grosor y tamaño y me retraigo por reflejo, pero su primera intensión no era meterlo en mí sino en la robusta mujer; se lo introdujo por la vagina con lentitud y comenzó a moverlo en un mete y saca morboso, de pronto me dice que abra las piernas y tomando del pelo a la rubia le enseña mi pene todo erecto, entonces ella sorprendida le pregunto lo que yo era, él le respondió que yo era una hermosa muñequita, acto seguido la alentó a chuparme la polla, y entonces al ver a esa excitante mujer de caderas amplias y boca en labial rojizo, sentí tensarse mi pene, se lo introdujo en la boca y me lo chupó con gran tino, lo sentí en su esplendor total, grande dura y gruesa, el viejo aquél se impresionó más que la arrolladora hembra, quien mareada por los tragos se comía con dedicación mi polla, y aguantaba valientemente las estocadas de aquél juguete grueso y largote.
Fue entonces cuando veo que mi padre, comenzó a introducir su mano por el conducto vaginal de aquella mujer, después de haber sacado el consolador, y ella se apartó de mi pene para desahogar en gritos, chillidos, gemidos, y hasta llanto su placentero dolor. Pero que era todo aquello, mi padre verdaderamente estaba llegando a los límites, oí de repente una orden, la de despojarme de mis vestidos, en sí de todo, me desnudé por completo, solo traía aún los tacones puestos pero no llevaba nada más encima, ni los rellenos simulando mis pechos, ni nada, solo la bisutería y la peluca larga firmemente colocada y sujetada por una piraña plástica, él seguía con la mano dentro de aquella mujer, yo sin sabe que hacer me puse de rodillas frente a su pene pues él estaba de pie junto al borde la cama, en trague su polla nuevamente, esta vez la reconocí, estaba durísima, puso a mi alcance su gigantesco juguete de látex y me dijo que si pudiera lo fuera metiendo en mi ano, yo obedecía y curiosa por el objeto me entretuve con el alejándome de su verga.
Mi madre jamás se habría dejado usar así, tal cual lo hacía la madura mujer, e ahí una de las causales para el divorcio.
Penetró a la mujer por el ano mientras yo lograba meter apenas la punta de su juguete en el mío, y me llenaba de morbo la idea de confesarle quien era en aquél instante, pero solo era por sentir fluir la adrenalina en mi cuerpo, tomé varios tragos de ron y fume uno y otro cigarrillo mientras con la mano en la polla me masturbaba disfrutando de aquella escena, a momentos me acercaba a la mujer para aprovechar en tocarla, para besarla o poner mi verga en su boca, ella continuaba de cuatro pero acomodada en el centro de cama y como lagarto mi padre encima de ella, por momentos yo deseaba eyacular pero me contenía quería terminar al tiempo que aquél hombre terminaría en mi boca, cuando inesperadamente escuché de sus labios la orden de ponerme de cuatro, le pregunté para qué, y el respondió que era para complacerme penetrándome, mi pene comenzó a eyacular precozmente pero no a evacuar en su totalidad el contenido final, me puse a cien por hora, mi inconsciente me cuestionaba respecto a lo prohibido y pecaminoso de aquél acto, pero mi lujuria se apoderó, lo vi a los ojos y antes de darle la espalda por completo lo bese, sentí su lengua en mi boca enloqueciendo mis sentidos, él estaba igual yo lo notaba, entonces me dijo:
  • Tú serás la primera muñequita a la que culearé…
No podía estar en mejor sitial, y a pesar del pecado de la carne que habría de cometer, me sentía orgullosa por recibir en mis entrañas esa deliciosa y enorme verga. La temperatura de mi cuerpo explotaba mi corazón latía sin control, y en segundos sentí como su grueso sable me atravesaba, era euforia lo que sentí después, por primera vez exploté emocionalmente comencé a llorar, era llanto de placer mezclado con amor y un sentimiento de reconciliación, grité exagerando el dolor para darme placer, estaba eyaculando a chorros involuntariamente y la mujer en su antojo se introdujo debajo mío para tragarse mi leche, mientras encima yacía el macho más deseado en mi vida.
Retiró su polla de mi ano y yo gemía y lloraba como niña caprichosa, le pedía urgidamente más y jalándome de las piernas me dio vuelta, lo miré de frente y era hermoso, él me miraba y creo que se ahogaba en placer, porque rápidamente metió su pene en mi culo, y comenzó a moverse tan fuerte que me sacudía toda por completo, mis piernas abiertas por completo sus brazos duros apoyados en puño sobre la cama, y él arremetiendo contra mí con sus movimientos de adelante hacía atrás.
Gritaba de dolor y placer, gemía, quebraba mi voz y continuaba eyaculando sin contenerme, era semen, semen a montones, y muchas pero muchas veces, mis músculos se dilataron y mis nervios se quebrantaron, gritaba bañada en lágrimas que era feliz, muy feliz, y él aceleraba aún más sus movimientos, sentía que su pene llegaba hasta mi estómago hasta mi garganta, la mujer a un lado y con el juguete dentro, se asombraba por mi clímax, le decía cosas que alentaban a mi padre pues tenían tono de asombro. Yo no aguantaba más era algo extraño lo que me sucedía, sentía que iba a tener un paro cardiaco o un desmayo. Pero aquél momento no terminaba, seguía y continuaba, entonces lo escuché decirme que yo lo había llenado de extremada excitación y que sentía salir su corazón del pecho, le dije queme sentía igual, y fue cuando de pronto en un salto se puso de pie sobre la cama y yo de rodillas frente a su pene para disponerme a recibir su leche, él eyaculó con dirección a mi boca, pero la explosión me pringo toda la cara, era difícil de ocultar el gran placer que tuvo conmigo pues su abundante semen lo delataba.
Era sorprendente como tanta leche fluía con cada chorro que lanzaba en repetidas ocasiones, bañándome en semen la cara, la boca y parte del pecho, perecía como si me hubiesen echado un balde de yeso en la cara, la tipa se acercó queriendo recibir uno de eso chorros pero opuse resistencia y ella se molestó, paró el deleite de líquidos seminales tras una exhalación de parte de aquél hombre, y cuando bajó la cabeza para mirarme, abrí mi boca para mostrarle lo llena que estaba, y acto seguido me tragué por completo su semen, limpiando con mis dedos los restos abundantes de mi rostro, su pene seguía duro y mi pene también, me percaté que mi vientre estaba lleno de semen de propiedad mía, y entonces no dude en pedirle que me lo besara, él se negó rotundamente, y la mujer le pedía su porción de placer, se puso de nuevo de rodillas en la cama y la penetró frente a mí, sentí de pronto una rabia que no dejé salir ese instante, pero que después de unos minutos se reflejo en una mordida que le propiné en los pechos a aquella mujer, disimulando el acto de chuparle los senos, ella se apartó de nosotros para frotarse, mientras yo le pedía disculpas alegando que fue la emoción, la polla de mi padre seguía vibrante y sin más me recosté frente a él ocupando el lugar de aquella vieja y levantando una pierna para posarla en su hombro y la otra a un lado de él, como era de esperarse el arrecho hombre me penetró, mientras de pie y dando vueltas en la habitación la rubia se frotaba con fuerza uno de sus pechos, comencé a experimentar los orgasmos, esta vez mis chorros de semen le dieron paso a los chorros de orina transparente que fluían de tanto placer, parecía una descontrolada manguera de agua, y mi papi se ponía más caliente a la vez, empujando con fuerza su miembro en mi interior, yo tenía la vista perfecta frente a su juego de mete y saca, no podía imaginar como podía caber dentro mío semejante polla, pero era muy, muy feliz al sentirla dentro mío.
Sin aviso previo sentí un calor en las entrañas mi ano parecía haberse llenado de algo caliente cuando al ver ese rostro bañado en sudor gesticulando el dolor supe que había terminado dentro mío. Nos quedamos inmóviles, ambos respirábamos de manera desesperante, cuando vi acercándose hacía mi padre a aquella mujer que cogiéndolo de la polla lo apartó de mí, fue todo un espectáculo, lentamente su polla salía de mi ano frente a mis ojos toda blanca por el semen, acto seguido un sonido como eructo escapó de mi culo expulsando el semen de mi papi, que fue a parar directo a la cara de atractiva mujer, quien por supuesto había buscado intencionalmente el mejor ángulo para recibir el disparo, se llevó la verga de aquél hombre a la boca y terminó comiéndose todas las sobras de su leche.

Terminamos todos recostados en los sitios de guerra, y para cuando entre en razón el celular pitaba la alarma programada a las seis y treinta de la mañana límite extremo de mi salida nocturna, no supe que hacer, cogí mi ropa y me arreglé apresurada mientras la pareja de viejos aún dormía, pase de largo por la habitación número siete sin saber si aún se encontraba o no mi pareja.

Ya en la calle, la luz del sol me alcanzaba presurosa con dirección a mi casa y los pajarillos cantaban mientras algunas gentes comenzaban a transitar de mañana…

FIN