jueves, 23 de junio de 2016

Street TV (Parte 4)


CAPÍTULO DÉCIMO SEGUNDO
ARDIENTES COMPLICACIONES

Conversamos por largos minutos pero aún no llegamos ni a completar la hora, entonces me sugirió dar unas vueltas por aquella plaza para calentarnos un poco, el frío era relativo, pero yo no sentía nada por la fuerte emoción de estar junto a mi padre y pasando desapercibida, como cualquier otra muñequita como él me llamaba. Traté de indagar porque se había acercado a conversar con una chica travestida como yo, y me respondió que muchas veces le asombraba ver a chicos vestidos de mujer, con figuras coincidentes y detalles más atrayentes por el detalle que tenemos en el arreglo personal, pero resaltó el hecho de que esa noche había tenido suerte al poder conocer una travestí tan bonita como yo, me sentí alagada y le agradecí, me comentó que no era frecuente ver muñequitas lindas por esos lugares, y por supuesto le di la razón. De pronto me sentí más cómoda junto a él y menos intranquila al saberme desconocida, entonces mientras tomaba un trago sentí su brazo rodeando mi cintura, y me puse nuevamente nerviosa y algo incómoda, pero verdaderamente deseaba que me pusiera las manos encima, elogió el talle de mi cintura y tocó mis caderas con mi permiso otorgado, me dijo que mi figura era provocante, y cuando eché un sorbo de cigarro y bebí todo el vaso de ron mezclado, tomé su mano y la deslicé por mis nalgas, él se vio sorprendido y se apartó de mí, le pregunté que le había sucedido, y me dijo que no pensó que reaccionaría así, me calificó de muñeca atrevida, pero en sentido figurado, y yo le dije que era así:
  • Acaso nunca tuviste una mujer atrevida de verdad…
Me respondió que no, que todas eran cohibidas y que encontrar algo así en su generación era difícil, por lo que me confirmó sus andanzas con jovencitas, supuse que el dinero de su jubilación le ayudaba en ese asunto, y al comentarme un poco más al respecto confirme mi suposición.
Entonces me dijo que si podía continuar donde se había quedado, y yo le di mi afirmativa, de pronto me encontré apoyada en las graderías de una cancha deportiva, y detrás mío el sujeto que me había dado la vida estaba manoseándome placenteramente el culo, me besaba el cuello por la parte de atrás, y yo bebía y fumaba mientras recordaba una escena de sexo que se quedó grabada en mi memoria allá por la infancia y que involucraba a mis padres; recuerdo que mientras dormíamos después de un viaje en la camioneta de la empresa donde trabajaba mi padre, yo desperté junto a mi hermana que aún dormía, desperté por unos ruidos fuertes que venían del patio de la casa y cuando pude asomarme a la ventana pude observar a lo largo de varios minutos como mi padre se cogía a mi madre en la cabina de aquella camioneta, ella estaba de cuatro y él encima de ella, moviéndose repetidamente y con gran fuerza, despojando de mi madre unos gritos, gemidos o alaridos guturales, era espantoso, sentía que la lastimaba pero al quedarme por más tiempo comencé a llenarme de incógnitas que se respondían por el inocente morbo de un niño de diez años. Vi como mi padre terminó eyaculando sobre las nalgas de mi madre, acto seguido yo pasé a fingir que aún estaba dormido.

De pronto volví a la realidad, ahí estaba el hombre que se había follado a mi madre, manoseándome el culo, acariciando mis piernas y apretándome de la cintura mientras me besaba también la espalda.
Sentía tanto deseo, y a la vez no sentía nada, quería que continuase, y al mismo tiempo que se detuviera. De repente un grupo de personas hacían su paso por la plaza con fuertes carcajadas que nos advirtieron a tiempo, él se acomodó el pelo, y yo mi ropa, las braguitas y la calza apenas y habían sido retiradas en su totalidad, dejando solo apreciar mi culo a contra luz, y mi blusa se encontraba por encima del vientre.
Entonces nos despedimos con apuro antes de ser divisados por el grupo de personas.

CAPÍTULO DÉCIMO TERCERO
ME QUITÉ LAS GANAS

Caminé por calles confusas, y retorné a mi hogar, mientras sonreía de manera irónica como niña traviesa que oculta una mentira, pero al mismo tiempo no podía sacarme su imagen de la mente.

Cuando me fijo en la hora daban recién las tres de la mañana, y yo que me quedé con las ganas de algo más, de pronto decido cambiarme de ropa, me pongo unas zapatillas deportivas planas hasta los tobillos, una tanga rosada muy transparentada encima llevo un slip ajustado y un pantalón deportivo blanco con detalles rosados, una sudadera ajustada y sin mangas de color rosa y una chamarra justa.
Mi objetivo, retornar por cercanías al lugar donde había encontrado a mi padre, pase por la plaza en la que nos detuvimos, pero ni en un lugar ni en el otro lo encontré, calme mis ganas locas de búsqueda y camine con lentitud de regreso a casa, pero procuré buscar calles alternas a las que comúnmente eran transitadas por los vehículos, cuando entre la oscuridad logré divisar a un muchacho que caminaba a lo lejos, se lo notaba medio embriagado, se detuvo frente a una puerta que comenzó a golpear en afán de que le abrieran gritaba un nombre de mujer para ser escuchado por esa persona, cuando de pronto que me voy acercando más y más y él que nota mi presencia guardando silencio mientras me ve pasar por la acera de enfrente, me chifla de manera coquetona, y yo paso de largo sin decir nada, metros más allá noto que aún me contemplaba, continúo con sus silbidos y me dijo algunas cosas a lo lejos. Me detuve un momento y pienso, con una acción mecánica lo llano haciendo un ademán con la mano, el tipo se anima a venir a paso apresurado, me doy vuelta y sigo adelante cuando algo asustada me pregunté que fue lo que hice, lo percibo a metros de mí, y comienza a decirme:
  • Hola preciosa que estas pidiendo
  • Que estas pidiendo, con esas caderas que estas pidiendo.
Me repite:
  • Que esta pidiendo lindura
  • Hey! Que estas pidiendo blanca nieves
De pronto relacioné sus palabras que hacían referencia a mi pantalón deportivo de color blanco, por supuesto que era tan ajustadito que dejaba apreciar mis nalgas bien redondas y un culo grande y sabroso.
Me sentí acosada y excitada, fue cuando respondí a sus frases recurrentes diciendo:
  • Estoy pidiendo verga papi…
  • Quiero verga, estoy pidiendo tu verga papi…
Él se quedó mudo pero luego me tomó de la cintura por detrás mientras continuábamos con nuestro caminar, me tomó como a su enamorada y acercó su pene posándolo por entre mis nalgas y me dijo:
  • ¿Estas pidiendo esto blanca nieves?
  • ¿Quieres mi verga mami rica?
Yo me excité muchísimo con solo escuchar lo que él me decía y con la forma en la que me apretaba contra él y contra su miembro escondido debajo de una ropa deportiva muy ancha. Me condujo hasta un callejón y me dijo que ese era el lugar donde me daría lo que yo quería, me preguntó si estaba de acuerdo y conferí que si.

Acto seguido y bajo las luces del alumbrado público diviso una verga enorme y gruesa oculta debajo de esa ropa deportiva, le bajo el pantalón y descubro una verga tremendamente erecta, y acto seguido le digo:
  • Esta grande y dura, ¿es por mí?
  • Claro que si, me excitaste mucho, estas preciosa mamacita
  • Me excitó mucho cuando me dijiste blanca nieves
  • Te lo dije por el pantaloncito ajustado que traes
  • ¿Quieres que me la chupe toda?
  • Has lo que gustes esta verga es tuya mamita…
Me derretí al tiempo que acariciaba su verga y oía sus palabras, el tipo era simpático y también algo atractivo, pero su pene era para delirar, me llené la cabeza con esos momentos previos, horas anteriores en las que me encontraba junto a mi padre y en relación procuraba vivir un momento parecido con el presente muchacho; su polla estaba toda mojada antes de que me la metiera ya en la boca, y fue así que presurosa me trague todo su sexo y saboree sus jugos mientras sacaba y medía ese pene de mi garganta.
La lamía con la lengua a momentos mientras apreciaba su forma bajo la luz de un poste de alumbrado eléctrico, pasando varios minutos así, hasta ser sometida por aquél muchacho, le dije que ya deseaba ser penetrada por él, le ofrecí un preservativo pero me dijo que el era un muchacho saludable a lo cual respondí que yo tenía la misma condición, entonces fue cuando sin más dudas él me dio la vuelta dejándome apoyada contra la pared y con los brazos al frente, para luego introducirme esa hermosa y jugosa verga, sentí de repente un desgarro delicioso, tremendo pero gustoso, se movía como todo un macho en edad juvenil, con tanto vigor y energía, mi pantalón deportivo yacía abajo a la altura de mis rodillas, cuando de pronto siento sus manos en mis caderas apretándolas fuerte como para sujetarse y tomar mayor fuerza, yo gemía y gritaba, pedía más a cada momento cuando siento que él desliza su mano diestra hacía mi entrepierna, claramente buscando una vagina, una vulva, pero encontró mi pene en su lugar, se detuvo por un momento como tratando de entender lo que sucedía, y me pregunto:
  • ¿Eres chico?
  • Si, le respondí
  • Pero no pareces, pensaba que eras una chica
  • ¿Y te gusta? Le dije
Profirió la frase recurrente de todos, anunciándome que era su primera vez, pero no lo noté escandalizado sino más bien excitadísimo, continuó con sus movimientos alcanzando nuevamente su ritmo continuo y algo acelerado, yo disfrutaba de aquella cogida deliciosa, cuando sentí nuevamente su mano diestra en mi entre pierna, él comenzó a masturbarme mientras me lo hacía, y mi pene comenzó a pararse de repente, pasaron los minutos así, mientras sentía en la frente asomarse al sudor y notar que traía el rostro entrado en calores, el ambiente frío de la madrugada ya no era percibido por mis sentidos, mi cuerpo estaba ardiendo en pasión, y es que la cogida era larga como a mí me gustaba, y no podía pedir más mientras a momentos recordaba las caricias de mi padre y retornaba a la realidad con las arremetidas de aquella buena verga.
  • Quieres que termine adentro o afuera
Fue la pregunta que me sorprendió cuando yo estaba tan concentrada en sentir ese pene, y oír los sonidos que producía su respiración tan agitada.
La verdad, no supe que decir, cuando en un segundo sin antes escuchar mi respuesta, terminó eyaculando dentro de mí.
Sentí un chorro de semen muy caliente y abundante, descomunal, le dije lo que había sentido tras su eyaculación, y él me dijo que había disfrutado mucho y que estaba tan excitado por mi causa que ese fue el resultado, un abundante chorro proveniente de sus apreciables testículos.
Me puse en cuquillas frente a él y tomé su pene entre mis manos para succionar con mi boca hasta la última gota de su semen y limpiar ese voluptuoso pene de cualquier residuo de su blanca leche tan solo con la lengua.
El terminó enloquecido al verme disfrutar de su leche, fue entonces cuando cogió su pene con las manos y se produjo otra eyaculación tras una rápida y fuerte masturbación, así que otro chorro inundo mi boca la cual había dejado expuesta a sus ganas, sentí otro tanto de sus fluidos, y nuevamente me encargue de limpiarle la verga de todo resto, lo miré a los ojos y él me dijo que deseaba ver como me tragaba toda su leche, fue entonces cuando por primera vez y sin reparos, ni peros, me trague con ánimo aquél celestial fluido. Tenía un sabor parecido a la clara del huevo y de cierta forma dulce por momentos pero definitivamente agrio al final y adormecedor en lo posterior.
Me chupe los dedos saboreando los últimos restos de su semen, cuando repentinamente lo veo marcharse presuroso al tiempo que se subía los pantalones, le dije que me esperara un momento pero alegó apuro, sentí que su conciencia le jugo una mala pasada después del deleite aquél, y le invadió inevitablemente la culpa, le pregunte por su nombre y el me dijo algo no muy claro, quise saber si nos volveríamos a ver y dijo por decir que sí.
Me dejó ahí bajo el alumbrado público sedienta de más, fue entonces cuando arreglándome las ropas recordé que su semen seguía dentro de mi alojado en el culo, me puse en posición de hembra que hecha un meo, y puje para sacar el líquido seminal de mi ano, de pronto que sale como explosionado y directo a mis manos que previamente coloqué en espera de recibir el goteo, y noté de repente una presencia, era el muchacho espiándome a una distancia prudente y medio escondido en una esquina, lo miré pero no dije nada, ya que asumí que había sido testigo de lo que sucedía, entonces tomé el restante de su leche que ya estaba en estado más líquido y con la mano me lo introduje en la boca asemejando el ademán de un oso que come la miel de un panal.
Continué expulsando lo sobrante de mi ano, y repetí la operación una vez más, él se inmuto a tiempo que tenía a ritmo un mecánico procedimiento de masturbación.
Terminé toda embarrada pero hartada de aquél agradable semen que yacía en el interior de mi boca, tome mis ropas y las acomodé como pude mientras le decía que viniera hacía mí, pero el muchacho escapó con rapidez antes que comenzara yo con mi caminar.

1 comentario:

  1. uno scritto pieno di dettagli gustosi e piacevoli...un sogno per noi trav...brava lei ad averlo realizzato a pieno !!! baci baci baci

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