jueves, 23 de junio de 2016

Street TV (Parte 4)


CAPÍTULO DÉCIMO SEGUNDO
ARDIENTES COMPLICACIONES

Conversamos por largos minutos pero aún no llegamos ni a completar la hora, entonces me sugirió dar unas vueltas por aquella plaza para calentarnos un poco, el frío era relativo, pero yo no sentía nada por la fuerte emoción de estar junto a mi padre y pasando desapercibida, como cualquier otra muñequita como él me llamaba. Traté de indagar porque se había acercado a conversar con una chica travestida como yo, y me respondió que muchas veces le asombraba ver a chicos vestidos de mujer, con figuras coincidentes y detalles más atrayentes por el detalle que tenemos en el arreglo personal, pero resaltó el hecho de que esa noche había tenido suerte al poder conocer una travestí tan bonita como yo, me sentí alagada y le agradecí, me comentó que no era frecuente ver muñequitas lindas por esos lugares, y por supuesto le di la razón. De pronto me sentí más cómoda junto a él y menos intranquila al saberme desconocida, entonces mientras tomaba un trago sentí su brazo rodeando mi cintura, y me puse nuevamente nerviosa y algo incómoda, pero verdaderamente deseaba que me pusiera las manos encima, elogió el talle de mi cintura y tocó mis caderas con mi permiso otorgado, me dijo que mi figura era provocante, y cuando eché un sorbo de cigarro y bebí todo el vaso de ron mezclado, tomé su mano y la deslicé por mis nalgas, él se vio sorprendido y se apartó de mí, le pregunté que le había sucedido, y me dijo que no pensó que reaccionaría así, me calificó de muñeca atrevida, pero en sentido figurado, y yo le dije que era así:
  • Acaso nunca tuviste una mujer atrevida de verdad…
Me respondió que no, que todas eran cohibidas y que encontrar algo así en su generación era difícil, por lo que me confirmó sus andanzas con jovencitas, supuse que el dinero de su jubilación le ayudaba en ese asunto, y al comentarme un poco más al respecto confirme mi suposición.
Entonces me dijo que si podía continuar donde se había quedado, y yo le di mi afirmativa, de pronto me encontré apoyada en las graderías de una cancha deportiva, y detrás mío el sujeto que me había dado la vida estaba manoseándome placenteramente el culo, me besaba el cuello por la parte de atrás, y yo bebía y fumaba mientras recordaba una escena de sexo que se quedó grabada en mi memoria allá por la infancia y que involucraba a mis padres; recuerdo que mientras dormíamos después de un viaje en la camioneta de la empresa donde trabajaba mi padre, yo desperté junto a mi hermana que aún dormía, desperté por unos ruidos fuertes que venían del patio de la casa y cuando pude asomarme a la ventana pude observar a lo largo de varios minutos como mi padre se cogía a mi madre en la cabina de aquella camioneta, ella estaba de cuatro y él encima de ella, moviéndose repetidamente y con gran fuerza, despojando de mi madre unos gritos, gemidos o alaridos guturales, era espantoso, sentía que la lastimaba pero al quedarme por más tiempo comencé a llenarme de incógnitas que se respondían por el inocente morbo de un niño de diez años. Vi como mi padre terminó eyaculando sobre las nalgas de mi madre, acto seguido yo pasé a fingir que aún estaba dormido.

De pronto volví a la realidad, ahí estaba el hombre que se había follado a mi madre, manoseándome el culo, acariciando mis piernas y apretándome de la cintura mientras me besaba también la espalda.
Sentía tanto deseo, y a la vez no sentía nada, quería que continuase, y al mismo tiempo que se detuviera. De repente un grupo de personas hacían su paso por la plaza con fuertes carcajadas que nos advirtieron a tiempo, él se acomodó el pelo, y yo mi ropa, las braguitas y la calza apenas y habían sido retiradas en su totalidad, dejando solo apreciar mi culo a contra luz, y mi blusa se encontraba por encima del vientre.
Entonces nos despedimos con apuro antes de ser divisados por el grupo de personas.

CAPÍTULO DÉCIMO TERCERO
ME QUITÉ LAS GANAS

Caminé por calles confusas, y retorné a mi hogar, mientras sonreía de manera irónica como niña traviesa que oculta una mentira, pero al mismo tiempo no podía sacarme su imagen de la mente.

Cuando me fijo en la hora daban recién las tres de la mañana, y yo que me quedé con las ganas de algo más, de pronto decido cambiarme de ropa, me pongo unas zapatillas deportivas planas hasta los tobillos, una tanga rosada muy transparentada encima llevo un slip ajustado y un pantalón deportivo blanco con detalles rosados, una sudadera ajustada y sin mangas de color rosa y una chamarra justa.
Mi objetivo, retornar por cercanías al lugar donde había encontrado a mi padre, pase por la plaza en la que nos detuvimos, pero ni en un lugar ni en el otro lo encontré, calme mis ganas locas de búsqueda y camine con lentitud de regreso a casa, pero procuré buscar calles alternas a las que comúnmente eran transitadas por los vehículos, cuando entre la oscuridad logré divisar a un muchacho que caminaba a lo lejos, se lo notaba medio embriagado, se detuvo frente a una puerta que comenzó a golpear en afán de que le abrieran gritaba un nombre de mujer para ser escuchado por esa persona, cuando de pronto que me voy acercando más y más y él que nota mi presencia guardando silencio mientras me ve pasar por la acera de enfrente, me chifla de manera coquetona, y yo paso de largo sin decir nada, metros más allá noto que aún me contemplaba, continúo con sus silbidos y me dijo algunas cosas a lo lejos. Me detuve un momento y pienso, con una acción mecánica lo llano haciendo un ademán con la mano, el tipo se anima a venir a paso apresurado, me doy vuelta y sigo adelante cuando algo asustada me pregunté que fue lo que hice, lo percibo a metros de mí, y comienza a decirme:
  • Hola preciosa que estas pidiendo
  • Que estas pidiendo, con esas caderas que estas pidiendo.
Me repite:
  • Que esta pidiendo lindura
  • Hey! Que estas pidiendo blanca nieves
De pronto relacioné sus palabras que hacían referencia a mi pantalón deportivo de color blanco, por supuesto que era tan ajustadito que dejaba apreciar mis nalgas bien redondas y un culo grande y sabroso.
Me sentí acosada y excitada, fue cuando respondí a sus frases recurrentes diciendo:
  • Estoy pidiendo verga papi…
  • Quiero verga, estoy pidiendo tu verga papi…
Él se quedó mudo pero luego me tomó de la cintura por detrás mientras continuábamos con nuestro caminar, me tomó como a su enamorada y acercó su pene posándolo por entre mis nalgas y me dijo:
  • ¿Estas pidiendo esto blanca nieves?
  • ¿Quieres mi verga mami rica?
Yo me excité muchísimo con solo escuchar lo que él me decía y con la forma en la que me apretaba contra él y contra su miembro escondido debajo de una ropa deportiva muy ancha. Me condujo hasta un callejón y me dijo que ese era el lugar donde me daría lo que yo quería, me preguntó si estaba de acuerdo y conferí que si.

Acto seguido y bajo las luces del alumbrado público diviso una verga enorme y gruesa oculta debajo de esa ropa deportiva, le bajo el pantalón y descubro una verga tremendamente erecta, y acto seguido le digo:
  • Esta grande y dura, ¿es por mí?
  • Claro que si, me excitaste mucho, estas preciosa mamacita
  • Me excitó mucho cuando me dijiste blanca nieves
  • Te lo dije por el pantaloncito ajustado que traes
  • ¿Quieres que me la chupe toda?
  • Has lo que gustes esta verga es tuya mamita…
Me derretí al tiempo que acariciaba su verga y oía sus palabras, el tipo era simpático y también algo atractivo, pero su pene era para delirar, me llené la cabeza con esos momentos previos, horas anteriores en las que me encontraba junto a mi padre y en relación procuraba vivir un momento parecido con el presente muchacho; su polla estaba toda mojada antes de que me la metiera ya en la boca, y fue así que presurosa me trague todo su sexo y saboree sus jugos mientras sacaba y medía ese pene de mi garganta.
La lamía con la lengua a momentos mientras apreciaba su forma bajo la luz de un poste de alumbrado eléctrico, pasando varios minutos así, hasta ser sometida por aquél muchacho, le dije que ya deseaba ser penetrada por él, le ofrecí un preservativo pero me dijo que el era un muchacho saludable a lo cual respondí que yo tenía la misma condición, entonces fue cuando sin más dudas él me dio la vuelta dejándome apoyada contra la pared y con los brazos al frente, para luego introducirme esa hermosa y jugosa verga, sentí de repente un desgarro delicioso, tremendo pero gustoso, se movía como todo un macho en edad juvenil, con tanto vigor y energía, mi pantalón deportivo yacía abajo a la altura de mis rodillas, cuando de pronto siento sus manos en mis caderas apretándolas fuerte como para sujetarse y tomar mayor fuerza, yo gemía y gritaba, pedía más a cada momento cuando siento que él desliza su mano diestra hacía mi entrepierna, claramente buscando una vagina, una vulva, pero encontró mi pene en su lugar, se detuvo por un momento como tratando de entender lo que sucedía, y me pregunto:
  • ¿Eres chico?
  • Si, le respondí
  • Pero no pareces, pensaba que eras una chica
  • ¿Y te gusta? Le dije
Profirió la frase recurrente de todos, anunciándome que era su primera vez, pero no lo noté escandalizado sino más bien excitadísimo, continuó con sus movimientos alcanzando nuevamente su ritmo continuo y algo acelerado, yo disfrutaba de aquella cogida deliciosa, cuando sentí nuevamente su mano diestra en mi entre pierna, él comenzó a masturbarme mientras me lo hacía, y mi pene comenzó a pararse de repente, pasaron los minutos así, mientras sentía en la frente asomarse al sudor y notar que traía el rostro entrado en calores, el ambiente frío de la madrugada ya no era percibido por mis sentidos, mi cuerpo estaba ardiendo en pasión, y es que la cogida era larga como a mí me gustaba, y no podía pedir más mientras a momentos recordaba las caricias de mi padre y retornaba a la realidad con las arremetidas de aquella buena verga.
  • Quieres que termine adentro o afuera
Fue la pregunta que me sorprendió cuando yo estaba tan concentrada en sentir ese pene, y oír los sonidos que producía su respiración tan agitada.
La verdad, no supe que decir, cuando en un segundo sin antes escuchar mi respuesta, terminó eyaculando dentro de mí.
Sentí un chorro de semen muy caliente y abundante, descomunal, le dije lo que había sentido tras su eyaculación, y él me dijo que había disfrutado mucho y que estaba tan excitado por mi causa que ese fue el resultado, un abundante chorro proveniente de sus apreciables testículos.
Me puse en cuquillas frente a él y tomé su pene entre mis manos para succionar con mi boca hasta la última gota de su semen y limpiar ese voluptuoso pene de cualquier residuo de su blanca leche tan solo con la lengua.
El terminó enloquecido al verme disfrutar de su leche, fue entonces cuando cogió su pene con las manos y se produjo otra eyaculación tras una rápida y fuerte masturbación, así que otro chorro inundo mi boca la cual había dejado expuesta a sus ganas, sentí otro tanto de sus fluidos, y nuevamente me encargue de limpiarle la verga de todo resto, lo miré a los ojos y él me dijo que deseaba ver como me tragaba toda su leche, fue entonces cuando por primera vez y sin reparos, ni peros, me trague con ánimo aquél celestial fluido. Tenía un sabor parecido a la clara del huevo y de cierta forma dulce por momentos pero definitivamente agrio al final y adormecedor en lo posterior.
Me chupe los dedos saboreando los últimos restos de su semen, cuando repentinamente lo veo marcharse presuroso al tiempo que se subía los pantalones, le dije que me esperara un momento pero alegó apuro, sentí que su conciencia le jugo una mala pasada después del deleite aquél, y le invadió inevitablemente la culpa, le pregunte por su nombre y el me dijo algo no muy claro, quise saber si nos volveríamos a ver y dijo por decir que sí.
Me dejó ahí bajo el alumbrado público sedienta de más, fue entonces cuando arreglándome las ropas recordé que su semen seguía dentro de mi alojado en el culo, me puse en posición de hembra que hecha un meo, y puje para sacar el líquido seminal de mi ano, de pronto que sale como explosionado y directo a mis manos que previamente coloqué en espera de recibir el goteo, y noté de repente una presencia, era el muchacho espiándome a una distancia prudente y medio escondido en una esquina, lo miré pero no dije nada, ya que asumí que había sido testigo de lo que sucedía, entonces tomé el restante de su leche que ya estaba en estado más líquido y con la mano me lo introduje en la boca asemejando el ademán de un oso que come la miel de un panal.
Continué expulsando lo sobrante de mi ano, y repetí la operación una vez más, él se inmuto a tiempo que tenía a ritmo un mecánico procedimiento de masturbación.
Terminé toda embarrada pero hartada de aquél agradable semen que yacía en el interior de mi boca, tome mis ropas y las acomodé como pude mientras le decía que viniera hacía mí, pero el muchacho escapó con rapidez antes que comenzara yo con mi caminar.

domingo, 5 de junio de 2016

Street TV (parte 3)


CAPÍTULO NOVENO
MI HOMBRE

El anuncio decía que yo estaba interesada en buscar pareja, el perfil era el mismo, hombres mayores de cuarenta años, discretos, complacientes y detallistas.
Pasando lapsos de tiempo con tipos informales, me llegó un día una importante llamada, era un hombre del interior del país que viviría temporalmente en la ciudad en la que yo residía pero aproximadamente uno a dos años, dijo encontrarse solo tras un divorcio y disponible de tiempo para entregarse a una relación acordada entre ambas partes.

Acudí a su cita, extraordinariamente fue por el día y yo estaba comúnmente vestido de varón, me presenté con mi nombre real, y él hizo lo mismo, le dije que no tenía problema con eso y que desde un principio deseaba ser sincero, o sincera con él, llegamos a lo mismo en el tema de franqueza, y le comenté resumidamente todas las situaciones que atravesé hasta ese presente, él continúo con la charla para transparentarme también su vida, y congeniamos de manera complaciente para ambos.
Él era delgado como de 1,70mts con rostro de rasgos algo asiáticos pero latino al final, su color era mezcla entre pálido y rojizo, pero su edad era lo atractivo tenía como cincuenta y tres años de edad, el tipo era abogado y había decidido probar suerte en la capital, por supuesto hice comparaciones con el tema de su edad.
Irónicamente al despedirnos y después de haber acordado una cita para el día siguiente, me encontré a mi padre en una plazoleta del centro cuando yo iba montado en mi motocicleta regalo de mi madre, pero fue decepcionante al verlo de brazos con una mujer que desconocía pero que además no era para nada atractiva, él lucía algo más que descuidado así que seguí de frente al ponerse las luces del semáforo y el ni me advirtió pues traía puesto el casco.
Por ese entonces comencé una relación con una chica que por demás cumplía mis expectativas en la cama, pero que claro es harina de otro costal.
El momento había llegado la hora del encuentro era entre las diez de la noche, me preparé con gran entusiasmo pues había alardeado con respecto a la imagen y producción de Daniela, él estaba impaciente pues ya conocía a Daniela por fotos que le mande.
Puntual llamo a mi teléfono móvil, alegando que estaba esperando en la esquina de mi casa como acordamos, yo eché un ojo por la ventana y lo pude ver, la calle estaba desierta y discontinuamente pasaba uno que otro taxista.
Que anécdotas tengo con los taxistas, con respecto a mi travestismo, pero a comparación son notas irrelevantes.
Todo el ambiente estaba dispuesto para salir, yo estaba espectacularmente producida, llevaba un vestido ajustado con arrugas a los lados, mis piernas alisadas lucían al natural pues decidí no ponerme nada más que el vestido, unos tacones muy altos y un hilo dental como ropa íntima, traía una chompa delgada de hilo que me llegaba a los tobillos, pero nada más, el pelo lo traía en color castaño oscuro elegantemente sujetado y formando una cola por la parte de atrás, mientras me acercaba caminaba de la manera más sensual y provocativa cuando de pronto apareció de frente un taxista que puso sus luces de carretera e iluminó toda la calle solo por verme lucir las piernas, pasó lentamente y me lanzó un cumplido cuando ya me acerba a mi acompañante nocturno, y el taxista calló la boca, al ver que me saludaba con el sujeto.

Él me miro asombrado y casi mudo, recuerdo que me dijo:
  • Eres increíblemente hermosa, siento que eres demasiado para mí
Yo sonrojada le agradecí y le dije acompañándome de una frase típica de las mujeres; “tú también te ves bien, además a un hombre no se lo valora por su exterior sino por su interior” Me sirvió para compaginar su baja autoestima frente a una mujer tan linda como era yo en mi papel de Daniela.

Le propuse ir rumbo a la plaza que quedaba cerca de mi casa para en el camino adquirir un ron comercial de mi preferencia y unos cigarrillos aromáticos de canela, él aceptó, estaba bien vestido con una camisa y pantalón de vestir además de una gabardina y su maletín. Compró todo lo que le pedí sin preguntar, nos sentamos en la banqueta y se la paso halagando mi aspecto, me sentía ruborizada, acto siguiente a sentirme desinhibida por el alcohol y los cigarrillos, decidí prenderme un porro de esos mezclados con tabaco y hachís, para entregarme a una emocionante aventura, ya que de repente se me ocurrió decirle que deseaba ir a bailar a uno de esos lugares, no dudo en complacerme y tomamos un taxi que nos llevo como a veinte minutos de mi casa a una de las tantas discotecas que hay por ahí, escogí una con música juvenil pero con poca afluencia de gente, él se sintió algo incómodo al principio por el ambiente juvenil, pero mientras más tarde se hacía los jóvenes se iban recogiendo, y llegaban persona cuarentonas, así que no hubo problema, además después de pedir unas cervezas me puse a bailarle y coquetearle, creo que no se la podía creer, imagino que se sentía como si estuviese en compañía de alguna modelo o algo así, pero hice todo lo posible para que me viera muy cercana y a su alcance, con el tiempo de relación que tuvimos eso llego a suceder y fue más reconfortante para ambos, lo invite a salir hasta la pista de baile y comenzamos a deleitarnos con la música, pero notaba que él se la pasaba mejor mirándome y tocando por momentos mi cuerpo, yo me había despojado del abrigo tejido en hilo, y los hombres comenzaron a mirarme con deseo, mis piernas estaban en su punto, y mi cola había aumentado con el juego de las luces y el diseño del vestido, las mujeres me veían como a una descarada pues sus hombres desviaban la mirada por mí, ya que mi vestido era además de corto inapropiado para una discoteca, y daba más para una fiesta de gala o algo así.

CAPÍTULO DÉCIMO
UN ORGASMO INTENSO

Además del efecto del porrito que me había fumado y del cual aún guardaba algo para el momento de intimidad, resulté quedando mareada al cabo de unas horas de baile y bebidas a gusto, y así fui notando como todos a mi alrededor, especialmente los jóvenes, se aprovechaban de mi estado para meterme la mano, a veces discretamente y otras con descaro, pero yo no daba lugar a reacción alguna puesto que lo disfrutaba fervientemente, la discoteca era en esencia heterosexual y me acogió con total normalidad, no sé si no se percataron de mi travestismo tomándome como a una mujer cualquiera, o simplemente no se hicieron problema alguno.
El caso es que mientras mi hombre me acariciaba con mayor soltura y me tomaba con más confianza entre sus brazos, más mujer me sentía; antes de marcharnos decidí acudir al baño de mujeres, y fue cuando en su interior vi a chicas tan mareadas que orinaban en cualquier lugar menos en el indicado, era como estar en un baño de hombres, me sonreí y me acomodé donde pude y como pude, luego y al salir del baño registre con la mirada a un muchacho que no me quitaba la mirada de encima toda la noche, pero antes de llegar a él, tuve que soportar a una tipa que de borracha no daba más pero que me repetía lo linda que yo era, y que ella envidiaba de manera positiva mi aspecto y figura, resaltó el hecho de que ella sabía que yo era un chico, una travestí, pero que me veía tan bien que parecía casi, casi una jovencita de aquellas tantas en la discoteca, por supuesto le agradecí aunque no soportaba su aliento alcohólico mientras me hablaba. El muchacho fisgón no dejaba de mirarme y cuando me despedí de la muchacha se acercó a mí y me tomó fuerte por la cintura sin soltarme, le dije que lo hiciera pero no me obedeció, me beso el cuello de repente y me dijo que me fuera con él directo a un motel, le dije que estaba con mi pareja y que podía acusarlo si no me soltaba, me apretó más fuerte y mientras me resistía él y otros muchachos que pasaban de camino a los baños me manoseaban el culo, y las piernas, de pronto la chica ebria que me había hablado minutos antes vino en mi ayuda y lo obligó a soltarme, otras chicas estaban ya por percatarse cuando el muchacho me soltó algo asustado por cualquier reacción femenil en socorro mío; la muchacha me acompañó a mi mesa y le quedé agradecida, le dije que no le contara nada a mi acompañante, el cual para ese momento se convirtió ya en pareja mía.
Ambos nos levantamos de la mesa los presenté y acto seguido nos despedimos de la muchacha, yo por supuesto agradecida…
Llegamos a un motel a cercanías de mi casa para que fuera fácil recogerme en horas de la madrugada, y fue ahí donde comenzó todo.
Reafirmamos nuestra relación como pareja, acordamos los tiempos y formas para vernos y sobre los detalles de alimentar mi vida femenina con regalos de su parte, incluso con el tiempo fuimos de compras juntos. Pero al tema principal, mientras el ponía la televisión en un canal para adultos, yo tomé un trago más de ron y fumé a la par mis cigarrillos y por supuesto el porrito que tenía guardado, lo vi tan elegante que le quite la camisa botón por botón, le bajé los pantalones y lo acaricie por encima de su ropa interior, su pene se puso duro, y para cuando le quité los calzoncillos su pene estaba todo mojado y verdaderamente tieso, el tamaño era el promedio no me quejo, al igual que el grosor, lo que era delicioso era que se había depilado como le aconsejé que lo hiciera y así veía más grande su miembro y resaltada su dureza, me sentía alagada de lo duro que se ponía ese pene para mí. Entonces lo metí a mi boca sin preservativo alguno, lo saboree con gusto, sentía sus jugos endulzando mi boca y podía ver su rostro delirante de lujuria, me tomé el tiempo necesario para tragarme su polla consecutivamente, y cuando estaba a punto de venirse sobre mí, lo detuve y cogí mi copa y un cigarrillo para distraerlo de la intensa aventura, el compartió el ron de la misma copa, y me llevó a recostarme en la cama, empezó acariciando mis piernas y terminó besando mi vientre y a momentos mi pene, que se encontraba durmiente pero bañado en sus propios jugos, me dio la vuelta y me puso con la cola empinada a la altura de su boca, el efecto del porrito comenzó a dar nuevos frutos y sentí su lengua mimosa consintiendo a mi anito.
Estaba desbordada en placer cuando mis sentidos relajados percibían su beso negro anal, y me sentí extasiada, comencé a gemir e implorar por sentir aún más, y claro que me dio más estuvo así por largos minutos hasta que saco su cabeza de entre mis nalgas para beber un trago corto de ron y comenzar con la faena de penetrarme, yo me veía perdida en su brazos y solo respondía a sus fuertes penetraciones que hacían polvo mis entrañas, que sin más comenzaron a reflejar su deleite en los chorros de orina incolora y sin aroma alguno, me sentía como una hembra que termina a chorros después de sufrir un orgasmo, era de comparar me imaginó pero apostaría que mis orgasmos eran mayores en intensidad, termine mojando la cama una y otra y otra vez, perdí la cuenta aquella noche, ya que aún en diferentes posiciones mis orgasmos se soltaban de igual forma, terminé toda mojada, empapada. Él gozaba como loco, creo que verme botar chorros y chorros de agua cristalina le provocaban mayor desempeño en fuerza y rapidez, sentía que tenía un vibrador dentro mío, y gemía y me quejaba exageradamente, parecía un rumiante, una vaca lechera que mugía desesperadamente, una hembra que sufría en carne propia una violación; era comparable con muchas otras circunstancias más.
Juro que termine exhausta, toda complacida, empapada y temblorosa, sentía mi culo adormecido y totalmente abierto a todo el mundo, le repetía una y otra vez que fue la mejor culeada de mi vida, y él sediento se bebía el ron que compartíamos juntos, yo fumé a gusto mientras él frente a mi se masturbaba para terminar en mi rostro, y así lo hizo abundante semen se quedó colgado en una de mis mejillas mientras le echaba un sorbo al cigarro.

CAPÍTULO DÉCIMO PRIMERO
FINALMENTE LLEGO EL MOMENTO

Pasé con aquél hombre, mi hombre, dos años de relaciones intensas y sin limitaciones, tuve numerosos capítulos sexuales junto a él, a la par de mis jornadas intensas y en pareja con mi mujer, con la cual alcanzaba ya los tres años de enamoramiento.
Conocí lugares, viajé, dormí junto a él, conocimos personas, tuvimos amistades, bailamos y pasamos juntos algunas fechas festivas; teniendo el mismo sexo intenso y glorioso siempre que llegábamos al lecho.
Una noche me escapé de su control, ya que por esos días él no contaba con tiempo, y decidí estrenar unas ropitas nuevas que me regaló, yo estaba vestida con zapatillas planas una calza transparentada con figuras tipo red, y una blusita que me llegaba por debajo del vientre, era muy casual pero demasiado provocativa, mi objetivo era salir a caminar una distancia mayor a la que comúnmente recorría sola, y se me ocurrió ir por las zonas colindantes a los burdeles, o prostíbulos, por esas esquinas donde se apostaban las travestís iniciantes.
Llegue tipo una de la mañana a dichas inmediaciones, y grande fue mi sorpresa al ver el lugar casi, casi desierto, un operativo policial había hecho estragos, con los locales de mujeres, y para esa hora todo estaba cerrado, pero se podía observar en algunas esquinas una que otra tipa, ya sea ésta mujer o travestí. Resulta que algunos hombres merodeaban aún los burdeles con esperanzas de verlos reabrirse, pero no sucedió así, más bien tuvieron que acudir a las esquinas en su desesperación y desahogo, yo de pronto me vi sorprendida cuando varios hombres al pasar por mi lado preguntaban mi tarifa de servicio, entonces me aposté en una esquina algo escasa de luces, pero con las suficiente para que pudieran apreciar mi figura y la vestimenta que me acompañaba.
De pronto se me acerca un sujeto promediando los treinta años, delgado algo escuálido, y me ofrece un monto mayor al que yo exigía y no dude en aprovechar la ocasión, el tipo deseaba entrar en un motel de la zona, por supuesto que había muchos en las cercanías, pero le dije que yo la atendería en la calle, lo llevé a una calle silenciosa, alejada y discreta, y de inmediato tome su pene le coloque un preservativo y me lo metí a la boca, fue suficiente unos gratos movimientos para que su pene se pusiera erecto, me bajé la calza bajo la luz del alumbrado público y me introduje aquél pichi ocasional, el tipo me sujeto de las caderas mientras yo estaba apoyada contra la pared y al cabo de unos minutos terminó su labor de amante furtivo, y se marchó alegando que yo era la más linda de las travestís que él se había tirado.
Conforme con mi labor, marche nuevamente a retomar mi puesto en aquella discreta esquina y esperar unos minutos por una buena oferta y el sujeto adecuado; en los siguientes minutos la calle se notaba más y más vacía, me percaté de que las mujeres se iban retirando tomando los taxis con distintos rumbos, la reacción había terminado y fue como labor de pescadores de río, los peces habían caído a las ofertas de las pocas mujeres que reaparecieron en la escena y de algunas guapas travestís, yo decidí quedarme unos minutos más para apreciar el final de todo el movimiento, de repente veo un hombre venir con calma en dirección a mi esquina en el camino habló con una mujer pero fue breve su enlace, yo decidí ver que acontecería con aquél hombre, si pasaría de largo o vendría a preguntarme por el precio de mis servicios o a conversar conmigo y tratar de sacarme ventajas.
Me quedé tiesa, cuando a pocos metros pude reconocer al hombre con precisión; era mi padre quien venía hacia mí, me puse nerviosa y casi me decidí a escapar, pero algo hizo que me detuviera, hasta el día de hoy no comprendo que fue lo que me detuvo en aquél momento y lugar. Recuerdo que me dijo:
  • Hola muñequita, estas muy sola ¿puedo acompañarte?
Yo respondí temblorosa pero luego reafirme la voz.
  • Hola que tal, claro que puedes acompañarme, siempre y cuando me invites algo de tomar ¿no?
Él acepto de inmediato preguntando que era lo que deseaba servirme; era la prueba de fuego, mi propio padre no me había reconocido, pero no era la primera vez que afrontaba esta situación, de pronto choque con conocidos en lugares nocturnos, en la calle y atendiéndolos como clientes míos, y jamás nadie me llamó por mi nombre real o trato de indagar algo como quien sospecha.
Pero realmente esta era la prueba de fuego, al primer instante quizás no me reconoció, pero que tal si al asomarnos a comprar la bebida y los cigarros la luz de la tienda lo dejaría apreciar mejor mi rostro o mis características físicas, pero estaba preocupándome por las puras, habían pasado como diez años que mi padre no me veía, años en los cuales habíamos perdido contacto definitivo, y luego salto a luz un detalle que disipó todas mis dudas, él se acercó a la tienda y pidió el ron que le había sugerido y una cajetilla de cigarrillos con aroma a canela, y al tiempo que me comía con la mirada me preguntó:
  • ¿Tienes tatuajes en las piernas?
Confirme su pregunta y solo me comentó que me sentaban muy bien, entonces caí en la cuenta de que él jamás me había conocido tatuaje alguno, por lo tanto no tendría certeza de mi identidad, me sirvió el trago y yo abunde en el asunto de los tatuajes le dije que tenía muchísimos y él me inducía a mostrárselos en alguna ocasión, si fuera posible claro, pero yo le respondí de una forma suspicaz y cambie de tema, sugerí que buscáramos lugar más seguro, una plaza quizás, pero lo que indirectamente yo deseaba era acercarme a casa, pero sin que él sospechara siquiera donde vivo realmente.
Encontramos un lugar cómodo casi a mitad del camino a mi casa, pero llegamos ahí por rutas algo confusas para marear la perdiz, él continúo la charla preguntando por mi aparición, y es que era la primera vez que me veía por ahí, le contesté aduciendo que de seguro lo sabía por ser cliente frecuente de aquellos lugares, y él no tocó el más asunto, pero si quiso justificarse diciendo que eran los amigos quienes lo llevaban por esos rumbos, me dijo que era casado pero que tenía una hija y tres hijos, en anteriores matrimonios, no le di importancia a su muestra de macho insatisfecho, y fui a lo que me interesaba, le pregunté si se había percatado de mi condición, y él me respondió que sí, eres una muñequita me repitió, y entonces lancé la pregunta a secas, y ya estuviste con una muñequita como yo… él respondió que no, sin pensarlo dos veces, le creí, me fundamentó que le gustaban mucho las mujeres, y le pregunté rápidamente si le gustaban las travestís, me dijo que desconocía las definiciones con respecto a otras condiciones sexuales, pero que su machismo había cambiado un poco debido a su curiosidad, pero que definitivamente no era gay, ni nada de eso.

Andreita y los viejos verdes pag3