sábado, 28 de mayo de 2016

Calle sin salida (Street TV) de Daniela Silva Román PARTE 2

CAPÍTULO SEXTO
BUSCANDO EXPERIENCIAS

Rememoré por meses aquella experiencia, y cada vez que salía a la calle por las madrugadas, más me convencía de que era auténtica y cada vez más femenina en mi forma de ser en aquél papel de mujer que protagonizaba como Daniela.

Fue entonces que pude decididamente publicar algunos anuncios por la Internet y crear algunos perfiles con fotografías que fui tomando tímidamente y acorde a mis avances como travestida; como era de esperarse, me contactaron varios sujetos, pero mi filtro era de hombres mayores de cuarenta años.
Mi vanidad y egocentrismo era proporcional a mi éxito con las mujeres, pero ahora se había disparado al saberme lindo no solo para ellas sino también para ellos, como varón en ocasiones me sentí acosado por sujetos homosexuales y hasta note ciertas miradas ocasionales de hombres perfectamente heterosexuales, pero ahora comprendía mejor mi superficialidad física y el agrado que variados géneros encontraban en mí.
Respondieron a mi anuncio y seleccioné a un tipo que era extranjero, me escribía con respeto y gran sed sexual, confirmamos una cita y por ese entonces la hermenéutica era llegar a la cita comúnmente en vestidos de varón, para posteriormente travestirme en el departamento del sujeto, esto lo explico pues desde la primera cita acontecieron decenas de encuentros alrededor de un año con el mismo sujeto.
Tome una ducha en sus ambientes, me brindó las mayores comodidades y estuve a mis anchas en su departamento, terminaba con la piel muy lisa después de la depilación, me hacía la limpieza anal con los conocidos enemas, y disfrute con él de las bondades del lubricante y sobre todo de la cocaína en el esfínter.
La marihuana y la cocaína además de otras cosas habían sido casuales en los años transitorios en el lapso entre colegio y universidad, no llegué a tener adicciones pero conformé mis gustos y preferencias.
Naturalmente nunca se me había ocurrido que ese polvito me haría sentir tan bien al ser colocado en mi ano.
Él me dijo que me adormecería y que causaría distensión en los músculos del esfínter y que el lubricante facilitaría la fricción entre su pene y mi anito, obedecí asombrada de las locuras que una va aprendiendo siempre en este asunto del sexo, y eso que ya me conocía muchas artimañas para ser usadas en la cama. Me dejó pasar al cuarto de ropa y advertí ropas de mujer, me dijo que eran de su esposa y otras de su hija, pero que se encontraban de viaje, me preguntó si traía lo necesario y le dije que sí, pero él quiso obsequiarme algo más, me extendió una bolsa con un logotipo conocido de lencerías, y cuando veo el contenido, me puse llena de felicidad, me había comprado medias con soporte de silicona, tres conjuntos compuestos por bragas, hilos dentales y sostenes para el pecho, además de un vestido de noche.
Quedé sorprendida y maravillada, me puse hermosa con ahínco por los obsequios, y comprendí la psicología de las mujeres con respecto a los presentes y las sorpresas, él me esperaba abajo con una cena sobre la mesa, velas y vino, era emocionante me estaba tratando como a toda una señorita. Yo estaba con la ropa interior blanca con unas braguitas de encajes y el sostén de los pechos también de encajes pero con rellenos que utiliza cualquier mujer de pechos pequeños, el vestido era blanco con estampados rosas y amarillos bajos y tonos verdes y azules muy sofisticados, era muy ajustado de material flexible que se ajustaba a mi figura, yo llevaba en la mano unos tacones negros que le dije que no me combinaban y me pregunto que cuanto calzaba, le dije del 10 en pulgadas, y me dijo que tenía mucha suerte pues su esposa calzaba del mismo número, -las extranjeras por lo común tienden a usar tallas grandes- y me trajo de prisa unas zapatillas caladas de taco alto en color blanco, me las puse y me quedaban perfectas, me dijo que me las quedara pues me sentaban muy bien.
Acepté otro regalo más, me senté a la mesa y comenzamos el ritual de la cena, eran unas pastas deliciosas, él sentado en la cabecera de la mesa me observaba a su costado, él era como de unos cincuenta y tantos años, -hice una comparación de su edad- tomé el vino a voluntad y terminamos conversando en su sofá, era muy agradable en sus conversaciones y mi perspicacia de conocimientos le agradó, tomó mis piernas entre sus manos, estaba de cuclillas ante mí y me beso las piernas, el vino me giraba en la cabeza y el aroma del cigarrillo me encandilaba, me tomó fotografías y comencé a modelar, repetidamente elogiaba mi figura y mis rasgos femeninos, de pronto aparecimos en su alcoba, encendió la calefacción prendió la tele y me puso uno videos de sexo gay, le pregunté por ellos y me dijo que él era gay, pero que después de haber visto mis fotos deseba vivir la experiencia con una travestí como yo. Me sentí muy alagada y así comenzó la faena.

CAPÍTULO SÉPTIMO
SENTIRSE MUJER

Despojándome del vestido y de las braguitas, comenzó a jugar con mi cola, la lamía por momentos que me parecían horas, metía sus dedos en mi ano, y colocaba cantidades de lubricante dentro mío, luego puso el polvillo blanco semejante al azúcar pulverizado, y sentí entonces un estremecimiento inolvidable, se adormecía mi ano a manera de cosquilleos, y por mi mente pasaba la idea de que primera vez como ésa nunca la habría imaginado mejor.
Besaba mi cuello, deseaba mis labios pero aún me cohibía ese asunto del beso, le ofrecí mis caricias a cambio y la realización de mi primer sexo oral, lastimosamente él lo hacía con preservativo, claro que para ese entonces también era quisquillosa en ese aspecto de probar el sabor de cuerpos masculinos que no fuesen el mío o el de una delicada y limpia mujer.
Fue así como entre sorbetes de cigarrillo y un pene de unos trece centímetros alternaba mi boca llevando a cabo mis primeros movimientos de succión oral, que posteriormente y con el tiempo se convirtieron en festines para los diversos sujetos que me ponían su polla en frente.
Se la chupe apoyada en mis rodillas sobre la alfombra y él de pie frente a mí luego recostados en la cama y luego realizando un sesenta y nueve entre ambos, claro él reparó en ponerme el preservativo en su afán, entonces llego el momento. Me dijo que ya lo metería, y ahí desperté de todo ese espontáneo y placentero momento, preguntándome a mí misma si era la hora de entregarse o dar un paso atrás, pero él con su experiencia me tomó por las caderas con sus fuertes manos y me dio la vuelta mientras me decía que la mejor posición para clavármela era la de perrito, la de cuatro, y se esfumó mi pensamiento mientras comenzaba a sentirme toda una perra en esa posición, y él detrás mío comenzó a introducir de a poco la punta de su pene, acto que me resultó en un cosquilleó fatal, me provocó distensión en los músculos la cocaína, y solo sentí la belleza de una penetración anal, siendo esta vez yo la penetrada y la que sentía en carne propia el placer entregando el empinado culito. Entro toda, todita, y cuando me percaté estaba siendo follada, cogida, culeada, jodida por vez primera, llegando a sentirme por vez primera mujer.

Lo hizo tan despacio que parecía una ópera, luego con el pasar de los minutos y con el esfínter más abierto comenzó con sus arremetidas fuertes cual empujones y sentía lo que él paso a describirme como el placer masculino mientras su pene me rozaba la próstata, y recordé aquellos textos que hablaban sobre el placer del sexo anal al contar con una próstata, cosa que las mujeres no comparten con los hombres pues no cuentan con ese órgano prostático, me sentí placida, pero no terminé como comúnmente se explicaba. Seguimos por un promedio de dos horas, cambiamos de pose una y otra vez, me puso boca abajo, encima de él, de costado, en una silla, de cabeza y aún más; yo me sentía utilizada, sujetada, manipulada, y todo lo demás, pero era exquisito, y concluía que no entendía el por qué a las mujeres les disgustaba ser utilizadas en la intimidad, si era grandioso sentirse así.
Al fin me dijo que ya terminaría con la faena y que deseaba eyacular, yo me puse de cuatro nuevamente y el me penetró con esa polla, primero sacando y metiendo su pene una y otra vez en totalidad dejando por segundos a mi ano como una boca bien abierta, me enloquecía, y luego la metió profundamente y se movió como electrizado, y terminó, me sentí tan bien cuando él me puso el brazo alrededor de la cintura y apoyó su cuerpo en mi espalda.
Después de unos minutos se me quitó de encima y saco un preservativo lleno de semen de mi ano, yo deseaba tener el preservativo en mis manos, y se lo pedí para observarlo más de cerca, luego se me ocurrió amarrar el preservativo y llevármelo conmigo en afán lujurioso.

CAPÍTULO OCTAVO
GRANDES EVENTOS

PRIMERO
Posterior a ese primer encuentro, se produjeron muchos más junto a él, pero paralelamente yo frecuentaba a otros sujetos que se convirtieron en clientes míos, además de continuar con mi vida íntima con las mujeres, para ese entonces tenía una relación con una mujer que fue durando como dos años.
En una de esas variadas citas, recuerdo a un muchacho alrededor de los veintiséis años que me llamaba repetidas veces y que deseaba estar conmigo, yo le salía con excusas porque prefería hombres mayores y maduros, pero él me convenció.
Una tarde nos citamos en el centro de la ciudad, fuimos a un motel que él decía era de su primo, me dejo en la habitación para que me prepare; era extraño pero siempre que me veían vestido de forma común como hombre, me decían que era atractivo, y en éste caso ese muchacho se veía muy atractivo, lo veía parecido a mí pero el era más claro de piel, llevaba barba y bigote, me pareció algo gracioso, tomé mis ropas y me puse un vestido de noche estrecho y ajustado de color púrpura, no llevaba sostén para los pechos solo los rellenos que me coloque para ser sujetados por el vestido, un hilo dental negro y unas medias con soporte y de redes grandes, unos tacones negros sin punta en boquita de pez, y una peluca de pelo negro larga y sujetada por una piraña plástica. A los minutos él ingreso a la habitación y me dijo que su primo no había llegado a su puesto en el motel, pero que consiguió algo de bebida y cigarrillos que yo le pedí, el ambiente se llenaba de aroma a canela, y el wiski, que había conseguido era fuerte y robusto, me relajé de inmediato, de pronto era como si estuviese estimulada por su parecido físico al mío como varón, pero además él era muy agradable; me acariciaba tiernamente, me sentí como una mujer enamorada, y de pronto se puso de pie se desnudó y me dejo ver uno de los miembros, verga, polla, pene, etc. más lindos que pude conocer, mi pene era exquisito para mis compañeras amorosas, y me sentía conforme con los 16cm que poseía y el grosor era acorde al tamaño, pero aquella polla tenía como 18cm y estaba súper erecta, caí rendida de rodillas sobre la alfombra de la habitación, él desnudo delgado y a tono me sedujo, dijo si quería chupársela, y fue entonces que una luz de filosofía paso por mi mente.
¿Acaso será el pene como un símbolo de poder, cual cetro de mando de dioses o de un dios como lo es el hombre?; ¿acaso ese sable, esa espada, es la que regenta el poder frente a la mujer que no posee aquello y que debe sucumbir ante su gloria y subordinarse ante tal bastón de mando, y por éste hecho la vanagloria del mismo hombre, a dejado a la mujer en su sed por poseerse a sí mismo dando lugar al género gay, o a ese hombre heterosexual reprimido que odia a la mujer porque inconcientemente no la ve como a su igual, o aquél travieso hombre que juega a ser mujer deseando sentirse dominada por aquella espada sintiéndose sublimemente humillada y subordinada como se siente una mujer cuando la poseen?
Tomé ese cetro entre mis manos, lo deseaba, sentía su poder, y lo alojé en mi boca tragándolo en su totalidad, sentí mi garganta profunda y abierta, mi saliva había dejado brillando la cabeza de su pene, aquél glande latía al ritmo de su corazón, y con total sumisión me acerqué a la cama tomándolo del pene para arrastrarlo detrás mío, y me puse de espaldas hacia el, dejándome montar, cabalgar, y dejándome valientemente atravesar por su enorme sable, fue así que descubrí la confianza que han de sentir las mujeres cuando nos dan la espalda dejando de vernos de frente y depositando su cuerpo en nuestras manos delegando total voluntad, así hice yo, y él me tomo de las caderas, y mientras sentía el aroma fuerte de la vaselina en un pomo que le pertenecía, y que lo tenía todo untado en mi ano.
Pude sentirme acribillada por un pene que al natural satisfizo mi boca y ahora satisfacía mi ano, entró cruelmente, me despertó los nervios del esfínter, y pude ser testigo de un desempeño casi heroico de su parte, me follo, cogió, penetró, con gran maestría y empeño, lo hacía intensamente, yo gritaba, suspiraba, gemía, y aún así sin aliento, pedía por más, él me nalgueaba, me apretaba de las caderas, me ponía de frente y abría mis piernas al límite recordándome a la mujer con la que compartía intimidad, mis pensamientos se entre cruzaban, y a pesar de ser pasiva en mi papel de mujer, por primera vez vi mi pene ponerse duro desde el momento en que se la chupaba, así como en el presente. Mientras yo lo montaba dándole la espalda podía observar mi pene erecto en su mejor forma batiéndose de arriba hacia abajo por el movimiento vertical que yo realizaba apoyada en mis piernas y brazos, ¡que delicia! exclamé, recordando las palabras que las travestís pronunciaban mientras yo las penetraba cuando tuve la oportunidad de pisar Saõ Paulo-Brasil y cogerme a las “bonecas gostosas”, allá en Ibirapuera.
De pronto, él me lanzó a un lado y se apresuró a tener cerca mi rostro y a la altura de mi boca terminó gozando y expulsando un gran chorro de semen calientito y espeso; yo no pude tragarlo pero me lo embarré por toda la boca.

SEGUNDO
Él se percato de mi pene parado, y supuso que me había excitado muchísimo, yo le confirmé que sí, me dijo dame unos minutos y podré ponerla dura para ti, yo le dije que eso le costaría otro monto más de dinero, pero el no reparó y saco de su billetera un monto más, pero de pronto alguien golpeó la puerta de la habitación de aquél motel, para sorpresa mía era su primo, ya desnudo entro en la habitación, comentó que estaba en la habitación contigua con su enamorada, pero que viéndome así toda hermosa y dispuesta, se quedaría a acompañarnos un rato, fue ahí donde le dije que no quería estar junto a ellos, pero me tranquilizaron, alegando que no tenía porque temerles que no me harían daño alguno, solo querían tener sexo en trío con una travestí, yo les dije que no lo había hecho antes y que era pronto para imaginarme en esos enlaces, pero me convidaron algo más de la bebida y tras unos cigarrillos y unas caricias de parte de ambos, me sentí entregada a la experiencia.
De pronto estaba frente al espejo de la habitación engulléndome dos pollas, la que me gustaba y la del primo ese, que la tenía regular pero bien dura, mi muchacho perfecto tomó las riendas del asunto y me puso de cuatro en la cama, invitó a su primo a que comiera mi culo, y éste me lleno toda de saliva, y mientras su lengua jugaba con mi esfínter, yo alucinaba, de pronto se escapó de mi boca la pregunta:
  • ¿Tienen pollo? (cocaína)
El tal primo dijo que sí y salió de la habitación para traerla, compartimos los dos una inhalada ya que mi chico perfecto no quiso hacerlo porque aducía que su miembro se le pondría flácido, entonces tomé otro poco y con disimulo lo introduje en mi ano, cuando el primo ese tomó la confianza me puso otro poco de polvillo en el ano, debí imaginarlo para no ponérmelo yo, así después de sus lengüetazos procedió a penetrarme se sentía agradable a pesar del preservativo que utilizaba pero luego fue el turno de mi acompañante principal y lo hizo nuevamente al natural, que delicia que sensaciones, que rico…
Luego paso algo que no se me habría ocurrido hasta ese momento, sino tiempo después, el tal primo se recostó en la cama, yo lo monté e introduje su pene en mi ano, cabalgaba como una experta, cuando de pronto sentí las manos del complaciente tipo que me recordaba a mí, y ni siquiera sospeché sus intenciones, de pronto tomó su pene y lo acercó a mi ano, le dije que no, pero me dijo que no me preocupara, que lo gozaría, y de pronto estaba siendo clavada por dos estacas al mismo tiempo, el dolor fue casi, casi, mínimo gracias a la coca, pero sentir dos miembros era grotescamente una sensación viral, estaba destrozada, sentía que en mi ano podían caber naranjas, de pronto me sentí al borde de la locura cuando mi pene se puso erecto nuevamente, y procedí a masturbarme pero el tal primo se hizo del quite porque no quería sentir mi leche en su vientre, así que la doble penetración se terminó para dar paso a una imagen imborrable en el espejo del cuarto, mi anfitrión me tenía cogida de cuatro, a lo que su primo me ponía su verga en la boca al natural, yo me sujetaba de las almohadas con fuerza para soportar los empujones fuertes, mientras me atragantaba la boca con la otra verga, de pronto sentí que mi pene eyaculó un chorro de semen abundante y gelatinoso, había gozado por primera vez un orgasmo prostático que me llevó a los mismos cielos, cuando de pronto sentí un líquido caliente en mi ano, mi anfitrión había terminado dentro mío, se levantó y por explosión salió su semen de mi ano escurriéndose por entre mis piernas, su primo estaba a punto de terminarme en la cara, cuando lo desconcentré, por mirar como expulsaba de mi ano ese riquísimo semen, entonces el tipo se había puesto un nuevo preservativo y me montó sin permiso alguno, me resistí pero mi galán me dijo, que aumentaría la cuota en dinero para mí, así que me dispuse a ser sometida con cierto recelo por el consumidor aprovechado de su primo, pero nuevamente sentí mi próstata rozando con la punta de su pene, y de pronto volví a terminar pero con mayor fuerza, pronto me percato que no era semen, estaba orinando, botando una orina totalmente transparente, era delicioso, mojaba la cama en cantidades, y una vez que terminaba pasaban unos segundos y volvía a terminar, tuve un orgasmo múltiple por cuatro ocasiones. Hasta que el tipo terminó por fin dentro mío pero llevando puesto el preservativo.
Así terminó aquella jornada, en la que me pasé la tarde y algo de la noche cogiendo de maneras maravillosas, y de camino a casa estaba con una sonrisa plena y con un bolsillo cargado de dinero.

TERCERA
El extranjero me había hecho varios regalos, tanto en especie como en dinero, tenía variadas ropas, tacones y lencerías, una cuenta bancaria en la que me depositaba dinero en moneda nacional cual mesada que nos da papá o mamá.
Señalemos que no era la gran cosa pero servía para complacer mis instintos femeninos.
Para ese entonces él organizó algo así como una despedida, me dijo que saldría del país rumbo a uno vecino por lo que terminaría nuestro convenio sexual.
Pusimos hora y fecha, pero recuerdo que días antes me sentí atraído por buscar travestís en los prostíbulos o en las calles de la ciudad para echarme un buen desahogo de las ganas, y fue así como me encontré a una en una esquina frecuentada por ellas, quedamos en el monto económico y lo hicimos en la calle a gusto de ella, me llevó a una calle sin salida, y me realizó un sexo oral que definí como intermedio comparado con el grado que yo iba alcanzando, la envidiaba por su cabello naturalmente largo, tintado en rubio, y apreciaba sus ropas, tenía un short de mezclilla, una medias red negras, y una blusita estilo vaquera. Su perfume era tan femenino, que de repente encendió mis motores más que la chupada, se despojó ella de su pantalón corto, y pude apreciarla sin ropa interior, su pene era mediano pero torcido hacia un lado, era exorbitante, le di vuelta y pude ser testigo de un culazo lindísimo, claro que lo había conseguido gracias a la silicona, pero se lo veía descomunal, lo quería penetrar y al mismo tiempo tenía antojo de poseerlo para brindarlo a mis clientes, amantes, etc.
Así parada y contra la pared le baje las medias y la penetré, ella hábilmente me había puesto un condón mientras lo había chupado, no es de mi agrado pero que se le va ha hacer, además no la conocía; la tomé de las caderas y a tiempo de que la estacaba mi mente me jugaba alucinaciones, pues creía por momentos que me penetraba a mí misma, era yo como varón teniendo sexo conmigo misma como mujer, incluso le dije Daniela, la travestí no dijo nada, la disfrute pero necesitaba más tiempo que sus quince minutos acordados, porque cuando pasaron ella me dijo que eso era todo, le dije que no había terminado y me dijo que ya era tiempo, entonces le dije que le daría unas monedas más si me dejaba masturbarme tocándola, ella aceptó porque dijo que le parecía un chico lindo, le toqué los pechos rellenados, pero preferí sus nalgas grandes, para pajearme a tiempo que ella se masturbaba conmigo y sin pensarlo terminamos juntos derramando ambos nuestro semen en la calzada con aquellas luces naranjas de la vereda. Le agradecí su disposición y ella me dio su número me dijo que la próxima podría ser en su morada, y claro que hubo un par más de experiencias con ella.
Pero por aquella noche me sentía a gusto, de pronto que me animo a visitar algunos burdeles, veía mujeres bonitas y otras demasiado voluptuosas, que claro eran de mi preferencia, cuando decido tomar una cerveza mientras observaba desde la barra del cantinero a ese tumulto de hombres recorriendo los ambientes del burdel, cuando de pronto logro identificar a mi padre, el llevaba como unos cincuenta y siete años ya, y tenía aún buen porte, entabló conversación con una de aquellas trabajadores sexuales, y sin más, entro en la habitación.
Me quedé idiotizado, ahí estaba mi padre que hace años no lo veía y miren donde me lo vengo a encontrar, por supuesto no llevábamos una buena relación padre e hijo, pero mi hermana si tenía pleno contacto con él. De pronto que lo veo salir al cabo de unos diez minutos, y la prostituta que lo había atendido le decía que se largará, que era un viejo cochino, sucio, que ella no hacía esas marraneadas, yo tuve vergüenza ajena, como si todos supieran que es mi padre, cuando solo era otro hecho más de los tantos que acontecen en los burdeles, yo marché detrás de él con cautela para ver con que rumbo iría.
Grande fue mi sorpresa cuando lo vi conversando con una chiquilla travestí que hacía ronda en una de aquellas esquinas, pero por más que esperaba nunca aconteció nada, él se marcho al cabo de un buen rato y ciertas manoseadas que le veía hacerle a la poco atinada e iniciante travestí, luego se fue tomando un vehículo público y le perdí rastro, así muchas preguntas se pasaban por mi cabeza, pero quedaron pendientes en el aire.

CUARTA
Llego el día de aquella despedida con el tipo extranjero, al cual por supuesto le guarde cierto aprecio, como siempre me puse a mis anchas en su departamento y para la hora quinta de la tarde estaba lista, esta vez él me había comprado un conjunto de lencería negra, un porta ligas negro, medías con soporte de silicona a media pierna, unos tacones punta nariz de tiburón, y maquillajes finos, me encantó como siempre sus detalles íntimos, -no sé por qué a las mujeres les parece atrevido que tengan ese detalle con ellas- aparecí en su sala llevando solo eso, me refiero a que no traía ningún vestido a petición de mi tutor en cuestiones anales, traía el pelo arreglado para la ocasión, además que la bisutería debía ser fina y sobria para aquellas lencerías que notoriamente eran costosas.
De pronto y mientras bajaba las escaleras comenzaba a escuchar voces masculinas y música de ambiente, cuando me percato, mi extranjero me extendía la mano para ayudarme a bajar los últimos escalones mientras elogiaba como siempre mi calidad de producción, transformación o acabado en detalle, y alrededor nuestro divisé dos caballeros, un joven y una pareja, quienes me miraban sonrientes y ya entrados en copas apreciando la calidad de mi presentación, me sentí como en una vitrina de tienda, le pregunte sobre el presente momento, y me dijo que me sintiera a gusto y cómoda, que eran de confianza pues eran un grupo de amigos con los que había relaciones mediante la red de Internet a excepción del jovencito que había sido contratado de una agencia de servicios gay; por supuesto les había hablado sobre mí y compartido alguna de mis fotos, me quedé petrificada pero al mismo tiempo complacida por el grado de perversión que había despertado, y toda esa curiosidad, por conocerme. De pronto todos pasaron a saludarme, me besaban la mano como cortesía, y la única dama me beso en la mejilla y atinó a decirme que estaba preciosa. Por aquél entonces estaba más atendida en lo que a figura respecta, tenía una rutina de ejercicios, trotes por las mañanas de veinte minutos, salto de cuerda por media hora, y después de atender los estudios universitarios mucha bicicleta al aire libre.
Estaba delgada, llegaba ya como seis años en esta empresa, y tenía mayor presencia por mis atractivas piernas y cola, por el rostro y todo ese nivel de producción que había alcanzado con la experiencia.
Después del protocolo de presentación todos disfrutaron del ambiente y la música, demás del humo del cigarrillo y los variados tragos, yo por supuesto me deleité con un buen ron y comencé a fumar mis preferidos de canela, él me hizo conversación explicándome que en alguna oportunidad habíamos comentado sobre asistir a algún lugar público donde pudiésemos pasarla a gusto y también poder bailar, así que como despedida al menos quería asemejar cierta situación para darme gusto y disfrutar juntos, por lo visto el también tenía aprecio por mi además de los regalos, entonces vino uno de los dos caballeros sin pareja y me invitó a bailar, mientras la pareja ya lo hacía y mientras el jovencito se quedaba con mi extranjero entre una charla y unos tragos, me sentí algo celosa, pero pasé a disfrutar del hombre que me sujetaba de la cintura y bailaba al ritmo de música de los 70’s, era extraño pero esa música de clásicos del Rock me ponía tan relajada y despreocupada que me perdían, pero volví a la realidad cuando sentía los ojos de todos posados en mí, y hasta del jovencito gay que había sido contratado para complacer a mi extranjero gay; le pregunté a mi pareja de baile sobre sus intenciones y me dijo que solo deseaba conocer a una travestí como yo, pues tenía curiosidad por estar en presencia de alguna, era un tanto panzón me llegaba como a los hombros tenía una pinta de charro mexicano, le pregunté qué era lo que esperaba de la noche, y él me dijo que solo observaría. Después de un rato caminé a mis anchas por la sala y fui para el bar a servirme unos tragos, era ahí donde específicamente estaba apostado el tipo con la mujer, me preguntó que tomaba para que él me sirviera, mientras su pareja me miraba de una forma provocativa yo le respondía que tomaría un ron, a tiempo de devolverle la mirada con un rose de mi lengua entre labios, les pregunté si eran esposos, y me dijeron que eran primos y que salían juntos como pareja, me sorprendí pero el tipo corrigió que eran supuestos primos lejanos, no pregunté por más y conversamos de todo mientras me sentía atraída como mujer ante otra mujer que llegaba a ser la primera que me veía como travestí, por lo visto mis pocas ropas no les incomodaban cuando pregunté al respecto, por el contrario ella me decía que gustaría de estar más cómoda y tan exhibida como yo, pero que su primo era algo celoso, le propuse salir a bailar mientras en nuestras manos yacían nuestras copas de licor, y ella pidió la aprobación de su acompañante y salimos a bailar, la noche era joven apenas y daban las ocho, y mientras bailábamos veía descaradamente al jovencito pasarle la mano por la entre pierna a mi extranjero, pero que le iba a hacer pues yo también estaba en lo mío, los dos tipos tomaban sentados en un sillón y yo posesionada en frente de ellos recibía sus halagos, y los incitaba a ser cada vez más atrevidos, mientras sonreía con la mujer al reparar en los detalles que ponen en ridículo a los hombres, ella reía conmigo al tiempo que sus movimientos de baile dejaban escapar de ese escote partes intimas de sus senos, era extravagante todo aquello, era como estar en la mansión playboy pero no rodeado tan solo por mujeres, entonces sin aviso sentí la mano del otro sujeto con el que no había bailado ni conversado era como de mi altura en tacones, y tenía tan buena presencia que me agradó desde un primer instante, pero una dama siempre debe hacerse a las interesantes, entonces comencé a bailar con mayor sensualidad y el intensificó sus manoseos, de pronto lo percibí detrás de mí bailando fue entonces cuando la mujer me abandonó para bailar con su primo y me dejó en brazos de aquél enorme hombre.

QUINTA
En pocos minutos reíamos y disfrutábamos con su conversación y yo le coqueteaba mientras bailábamos, de rato en rato iba por mi copa forzándome en una inclinación que dejaba ver con mayor disposición mis nalgas, él me las tocaba sin limitaciones mientras me las elogiaba, pero además quería tenerlas, yo le dije que todo dependía de él, y me dijo que si se trataba de dinero no habría inconveniente, pero yo le contesté que no. Ese era un momento muy diferente al que suelo pasar con clientes por dinero, verdaderamente lo disfrutaba y me dejé llevar por lo visto.
Pronto me dijo que ya no aguantaba más y que deseaba llevarme a la cama, entonces busqué al dueño de la casa que estaba en la cocina disfrutando de una buena chupada del jovencito gay, quien me dijo que tomara cualquier recámara menos la principal, entonces subimos por las escaleras mientras la pareja bailaba muy acaramela, y en presencia del gordo que nos miraba subir, entonces le dije al morenazo que se adelantara indicándole la habitación en la que deseaba me esperara desnudo y listo, bajé por el gordo bajito, y le comenté sobre lo que acontecería en la primera habitación de la izquierda y que dejaría la puerta entre abierta para que él tuviese el gusto y placer de mirarnos mientras todo se iba suscitando, el asintió con la cabeza y dijo que vendría cuando creyera pertinente, le di un beso en la mejilla y le dije al oído:
  • Si te gusta mucho pasas para que te la chupe
Se sonrío nervioso, y me despedí mientras a la pareja le decía que al volver deseaba ver acción, y me sonrieron a tiempo que me alentaban a durar mucho ahí arriba.

Fue cuando llegué a la recámara y veo al morenazo desnudo y con un pene de apreciable tamaño y me posesiono entre sus piernas para directamente engullirme su polla, ésta era demasiado gruesa, y me reté a mi misma a tragármela toda, él me acomodó a un costado de la cama y poniéndonos ambos de lado, me comenzó a introducir su pene, esta vez sin trucos, además mi esfínter ya estaba alcanzando mayores tamaños. Fue entonces cuando lo sentí dentro mío, era gruesa y dura, yo gemía y comenzaba a lagrimear, mis ojitos echaron en brillo por las contadas lágrimas que se asomaban a mis parpados, y comencé a escucharlo gemir y gritar también a él, me excité aún más, yo deseaba ponerme en otra posición pero él contestaba que quería tenerme así, de pronto y sin aviso me tomó por el cabello y me obligó a besarlo, no supe que hacer y me dejé robar un par de besos a la fuerza, mientras era cogida con fuerza. Yo gritaba y gritaba, y ha momentos le decía que pare, pero no me hacía caso, me sentía algo sodomizada porque me obligaba a continuar en contra de mi voluntad parecía que había perdido la noción de todo, y solo le importaba penetrarme una y otra vez, ¡y como lo hacía! yo transpiraba por todo el cansancio mientras veía moverse de un lado al otro a mi durmiente pene, y apreciaba la textura de mis medias mientras me acariciaba, rompí en éxtasis, cuando observé mis tacones con una altura de veinte centímetros, y ese terraplén que los hacía ver tan robustos y exagerados, como aquellos tacones que usaban las actrices porno de mis videos, entonces sentí que él sacaba con rapidez su miembro para ponerlo en mis nalgas y así concluir con su labor terminando en mis caderas los placeres de su sexo, el semen algo líquido comenzó a chorrear por entre mis nalgas hasta caer en la cama él se levantó y me dio un beso, se vistió y se marchó de la habitación, repitiendo que yo estaba demasiado hermosa, y que Dios se había equivocado al darme un pene en lugar de una vagina siendo dueña de un cuerpo tan hermoso como ese.
Al salir se topó con el gordo, y recordé recién que lo invité a observarnos, paso a la habitación dejando la puerta abierta como para aparentar que no haría nada conmigo, entonces me dijo que había visto solo el final de la escena, por lo que me pidió que cumpliera mejor con mi oferta de chuparle la verga, yo accedí gustosa mientras me masturbaba y pensaba en que no me sería nunca fácil deshacerme de mi pene, pues disfrutaba con el de mis orgasmos, el gordinflón tenía un pene algo pequeño pero no me importaba porque disfrutaba de comerme una polla mientras me echaba una paja, a los minutos de chupársela eyaculé de forma abundante en mi propio vientre, y él pensó que era porque me excitaba su verga, pero le corregí que había tenido una cogida maravillosa con el morenazo y que eso me dejó muy sensible. Bajó sus humos el tipo aquél y me pregunto por la verga del morenazo y le dije más que grande era gruesa y que me destrozo el ano… el tipo enmudeció y se masturbó al tiempo que me pedía chuparle los testículos, y de ser honesta eran unas buenas bolas las que traía colgando.

SEXTA
Finalmente eyaculó pero me hice el quite para que no terminara en mi boca o en el rostro, porque la fiesta ahí abajo continuaba y debía dar la cara.
Fui al baño y me enjuague con agua los indicios de sexo, me retoqué el rostro con maquillaje y los labios los unte con labial para refrescar mi aspecto, pero la cara era imborrable estaba satisfecha y llevaba un rostro, un aspecto, una apariencia de mujer insaciable y exageradamente lujuriosa y gozosa.

Bajé las escaleras y vi a los dos tipos relajados compartiendo unos tragos y fumando, mientras en uno de los sillones de la sala la pareja de primos estaba cogiendo a gusto y en posición de cuatro. Encendí un cigarro y me puse a observarlos me acerqué y pude hasta acariciarlos a los dos, pero me dediqué más a la mujer que tenía unos pechos medianos pero tan hermosos, redondos y suaves que me enloquecían.
Ahí estaban los primos incestuosos recordándome las fantasías que tuve de adolescente con mi hermana, y que cuerpo que tenía aquella hembra, el tipo comenzó a manosearme a vista de los dos hombres alejados a unos metros de nosotros que solo apreciaban la escena y nada más, pensé en realizar un trío con aquella pareja pero no se separaban ni un instante, además la mujer parecía muy concentrada en la relación sexual y en esas penetradas de su propio primo.

Yo me separé al cabo de una media hora, fui en busca de mi extranjero y me dirigí directamente a la habitación principal, fue ahí donde lo pude ver siendo sometido por aquél muchacho que me hizo sentir celos, pero en ese momento no sentía más que desilusión al ver como ese hombre que me poseía como activo en su cama, estaba siendo el pasivo ahora, recibiendo un pene dentro suyo, quise retirarme pero él me invitó a pasar, lo obedecí de inmediato, y creo que notó mi cara de desilusión y se separó del muchacho aquél pero me obligó a entregar mi culo al mismo, diciendo:
  • Mira su pene, es enorme y tiene casi veinte centímetros y cinco de grosor
Yo lo aprecié y claro que era grande y grueso, pero casi me río cuando vi que era torcido hacia la derecha y sin poder aguantármelo se lo dije a mi extranjero, pero él aducía que yo lo disfrutaría mucho, el muchacho se quedo callado, parecía solo un juguete al solo ser un contratado, fue ahí donde caí en la cuenta de que yo no era tratada de esa forma, que yo era más dueña de casa que nadie, pues siempre estuve a mis cómodas, y en agradecimiento obedecí a mi tutor, me puse de cuatro y el muchachito cambio de preservativo y comenzó a penetrarme, yo me resistía porque sentía cierta antipatía hacia el, pero cuando comenzó con sus movimientos sentí salir los chorros de orina de mi pene, y el anfitrión de la casa me dijo:
  • Te dije que lo disfrutarías, ya veo que estas terminando
Efectivamente su pene me había hecho derramar mis líquidos, y por más que deseaba contenerme, volví a mearme una y otra vez sobre aquella enorme cama, el extranjero me puso de frente y me penetró pidiéndome que me masturbara mientras él me lo hacía, el muchacho bruscamente me sujeto de la cabeza y me introdujo su pene en la boca, no pude hacer nada y me comí aquella enorme verga, mientras era follada por el dueño de casa.
Entonces él terminó a la altura de mis pechos, los rellenos eran tan discretos que parecían mis propios pechos, el muchacho en acto seguido volvió a penetrarme y me corrí de nuevo, orinaba en cantidades, y tuve como cinco terminadas, él se sonrió al verme desesperada y yo lo saqué de mí empujando su vientre y le dije que deseba terminar pero en su boca y mi extranjero le dijo que me complaciera puesto que estaba contratado para eso, entonces terminé eyaculando en su boca después de que le obligué a chuparme el pene para ponerlo duro, y después de masturbarme boté encima su rostro todo el semen que pude para embadurnarlo.

LAPSOS
La fiesta terminó aproximándose a las dos de la madrugada, yo me quede a dormir por invitación, y al día siguiente me dispuse a marcharme para nunca más ver al extranjero aquél, ni a ninguno de los personajes de esa pasada noche.

Cierto día me animé a colgar un anuncio en Internet, pues había retirado todos incluyendo las fotos por un lapso de tiempo, pero esta vez ya no ofrecía mis servicios como acompañante, aquella situación del extranjero me dejo una idea y la llevé a cabo.


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5 comentarios:

  1. Too much words... Too few draw... :(

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  2. che vita movimentata e piena di grandi soddisfazioni...!! è un piacere leggere di amanti così brave e sexy viva le trav di tutto il mondo e degli amanti generosi che riusciamo ad accalappiare !!! baci baci baci

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  3. Que buen relato,me gustaría tener un orgasmo prostático...

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  4. Good, but... more comics, please.

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  5. Linda amei , estou muito ansiosa para ver os quadrinhos dela , bjs

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