miércoles, 21 de enero de 2015

Carta de un lector, o la historia de Sergio. (y II)



Bueno, aquí estamos de nuevo.

No desesperes, que esto va para largo. Tengo ganas de contarlo todo, con detalle. Y me cuesta horrores no ir al grano, a las situaciones jugosas. Tengo cosas escritas que las guardo para luego: no quería olvidarlas, y por eso las escribo cuando me vienen a la cabeza. Son muchas cosas las que han pasado y se me agolpan todas al final de los dedos, queriendo salir todos los recuerdos en desorden, como si el tiempo fuera un puzle. Sólo han pasado unos días desde que te escribí el primer e-mail, pero yo llevo dos semanas recordando y escribiendo. Escribo, re-escribo, luego selecciono un trozo y lo pego en el relato principal, allí donde toca.
También ayuda que lo tengo todo muy fresco, ya que todo pasó este verano. Sigo:

Durante el trayecto en coche nadie dijo una palabra, pero cuando llegamos a casa de Félix, me ofreció tomar unas cervezas.
Nos sentamos en la pequeña sala de estar. Apenas un sofá de dos plazas, un par de sillas, una mesa cuadrada y una modesta cómoda era todo el mobiliario que cabía en esa habitación. Félix se sentó en una de las sillas, frente a mí, al lado de la puerta de la cocina. Yo tenía a mi derecha la puerta del pasillo de entrada, donde se distribuían las dos habitaciones y el lavabo. La ventana-puerta a mi izquierda daba al jardín trasero, donde también daba la cocina. Todas las puertas estaban abiertas, para que corriese el aire. Félix bebía la cerveza absorto en sus pensamientos. Yo no decía palabra. Cris había ido a su habitación a dejar la maleta. Miré sin querer hacia su puerta entreabierta y me dio un sofoco: entre el marco y la puerta no habrían más de treinta centímetros, pero fue suficiente para ver a Cris sacando la ropa de la maleta. Se había quitado el short y sólo una fina tira de tela atravesaba sus nalgas redondas y blanquitas. El contraste de la piel blanca y la que había empezado a tostar el sol, todavía sonrosada, era tremendamente provocativo. Bebí un trago de cerveza y miré a Félix, que afortunadamente no me había visto sofocarme. Sentía los latidos de mi corazón desbocado y tenía las orejas ardiendo. Miré otra vez hacia la puerta, simulando rascarme la oreja para poder ladear la cabeza. Me encontré con la mirada de Cris, que en un gesto brusco giró la cabeza. ¿Estaba controlándome? Siguió sacando ropa de la maleta, y me dio la impresión que bailaba. Las nalguitas temblaban ligeramente cuando cambiaba la pierna de apoyo. No, no bailaba: exageraba el movimiento cada vez que se incorporaba o se giraba, de manera que sus nalgas se movían por eso.
- Te vas a arrancar la oreja, macho! - Félix me sacó del ensimismamiento.
- Bueno, no habría mucha diferencia, estoy medio sordo! - dije sonriendo, para quitar tensión.
- Qué te parece? - me dijo, señalando con un gesto de la cabeza hacia donde estaba su hijo.
- Pues... euhh... ha cambiado, ¿no? quiero decir que... bueno, ya lo sabías, no? Tú lo viste en Navidad, y eso.
- Pfff! Lo ví mas... vestido. Claro, hacía frío. Pero llevaba el pelo normal. Largo pero normal. Y no llevaba maquillaje! -Lo decía todo en voz baja, mirando de vez en cuando hacia la puerta del pasillo. Yo temía que viniese a mi lado, al sofá, y descubriese mi perspectiva, así que me levanté y fui a la cocina, a dejar la botella vacía en el cubo de basura. Al pasar al lado de Félix le hice un gesto, para que me acompañara.
- Tienes que olvidarte de los prejuicios, primo. Es una chica, toda una señorita. Tienes que tratarla con cariño y respeto. Es tu hija, por dios! No le hagas notar que es diferente. Trátala con normalidad. Si no, no te va a durar ni un segundo aquí. Entiendes?
- Buf, Sergio, ojalá fuera tan fácil! La verdad es que tengo una mezcla extraña de sentimientos. Por un lado, hasta me parece atractiva y todo! Te lo puedes creer?
- Si, Félix. A mí también me lo parece. Pero hazme caso: tómatela en serio. Si la tratas como a un chico, la ofendes. Bueno, tío, me voy pa casa. Tengo cosas que hacer.
-Ah, se me olvidaba! Tienes que ayudarme con el ordenador, Sergio. Te acuerdas que te lo dije?
- Sí. Pero tiene que ser ahora?
-Sería mejor. Cristian, digo Cris, se querrá conectar y quiero crear un usuario. Tengo el pc lleno de porno. Y no quiero que lo vea.
-Joder, Félix. Búscate una mujer, macho. Te vas a quedar ciego con tantas pajas.
-Jajajjaj. Venga. Te dejo el portátil aquí y me lo preparas. Yo tengo que ir a por pan, no tardo nada.
Félix fué a su habitación y trajo el ordenador portátil al comedor. Lo enchufó a la corriente y lo dejó arrancando encima de la mesa.
-Menudo dinosaurio. Es Windows vista? Va a ser complicado…
-Nooo es Siete. Pirata. Hala, hasta luego.
Vi salir a Félix por la puerta de la calle, al final del pasillo. Medio segundo después se abrió la puerta del lavabo y salió Cris, que se dirigía hacia mí. Llevaba el tanga que le vi en la habitación y una camiseta de tirantes con volantes en el escote. Las dos tiritas del tanga se juntaban formando una suave V bajo su barriguita. Un poco de vello púbico asomaba encima del tanga minúsculo. Se notaba el pequeño bulto del pene, como se metía hacia dentro entre sus piernas. Caminaba como una modelo, descalza, y su fina cintura  acompañaba el movimiento de las caderas. Tardó muchísimo en llegar hasta la puerta de su cuarto, o eso me pareció a mí. El pasillo estaba un poco oscuro, pero creo que vi cómo me sonreía. Evitó mirarme a los ojos, salvo cuando estuvo a punto de entrar en su cuarto, durante un instante. Una mirada de fuego, desafiante de deseo. Entró en su cuarto  y recuerdo nítidamente ver la curva de su espalda convertirse en el culito respingado, de una redondez perfecta, y verlo desaparecer un instante después, como si fuese un vagón de cola entrando en un túnel. La puerta quedó abierta. Yo salí de mi parálisis y me senté en el borde del sillón más cercano al pasillo.
A través de la puerta abierta (del todo, creo) la vi quitarse la camiseta. Al levantársela, con los dedos arrastrando la piel a su paso, levantaba sus tetitas y las soltaba haciéndolas mover. Los pezones, pequeños y casi del mismo color que su piel, eran la punta de dos montañitas puntiagudas, un poquito redondeadas por abajo. No eran unas tetas colgantes, sino de aspecto duro, que se movían lo justo. Ese cuerpo era un espectáculo y ella me lo estaba enseñando de forma consciente. Estaba haciendo una coreografía erótica para mí. Yo era a la vez consciente de eso. Y me esforzaba por permanecer en mi sitio por aquello que te comenté de mantener la distancia. Pero mi actitud, por quedarme allí, era la de un voyeur, un mirón. La situación tenía su morbo. Pensé que podía mantener la distancia física, pero hacerle el amor con los ojos. Mirar sin disimulo a alguien a quien le gusta ser mirado. Ya encontraría el momento de acercarme y tocar aquellos pechitos, de acariciar la curva del vientre y meter los dedos dentro de ese tanga tan pequeñito.
Cris se había dado la vuelta y jugueteaba con las tiras del tanga, estirándolas y soltándolas, haciendo temblar las nalgas como si fueran latigazos. Ahora subía una tira hasta casi los hombros, mientras la otra bajaba, para luego hacer el movimiento al revés, haciendo que las tiras se retuerzan y se enrollen rodando arriba y abajo de las deliciosas nalgas. Las piernas largas de Cris se juntaban y separaban, las caderas se movían de un lado al otro.
Me tuve que acomodar la polla. Me dolía porque estaba estirando contra la bragueta. Dejé la mano dentro: la tenía como una piedra. Ella se dio la vuelta y siguió con el bailecito. El tanga había desaparecido y su pequeño pene me apuntaba tieso. Cris miró mi bragueta y se pasó la lengua por los labios. “Ya te la daré toda, nena. La vas a saborear desde el capullo hasta los huevos” me acuerdo que pensé. Ella se tocaba la punta de su pene con el dedo índice. Lo metía dentro, entre la piel y el glande. Lo hacía girar alrededor del glande y luego se chupaba el dedo. Su mano izquierda aparecía por detrás de su culito,  sus dedos finos apartando las nalguitas. Puso una pierna encima de la cama, para que yo pudiese ver mejor esa parte. Los dedos acariciaban ahora el ano, y se iban metiendo, ahora uno, ahora otro, mientras la otra mano sobaba el pene y los testículos, que no colgaban como los normales, sino que estaban como muy escondidos. Cris estaba gimiendo ahora. Aceleró el ritmo de sus tocamientos. Metía y sacaba los dos dedos en su culito, se arqueaba, separaba más las piernas, jadeaba, se movía como una serpiente… Mis ojos iban de su boquita a sus caderas, de su pene a las tetitas, y mi mano frotaba fuerte mi polla que estaba a punto de reventar.
El cuerpo de Cris se sacudía en espasmos,  estaba al borde del estallido. Se agarró fuerte el pequeño y rígido pene y lanzó un gritito ahogado por la boca a la vez que un fino chorrito de semen salió disparado del hueco de la mano que lo encerraba. La vi temblar y caer literalmente sobre la cama. Yo también me corrí, dentro de mis calzones, pero aunque puse la mano como receptáculo para el semen, no sirvió de mucho porque eché tanta cantidad que desbordó y noté como el semen se me desparramaba por dentro. Fui rápido al lavabo, con la mano dentro del pantalón, mientras con la otra intentaba quitarme el cinturón. Al pasar por la puerta de Cris, vi como ella empujaba la puerta con el pié, desde la cama, para cerrarla. Mientras me limpiaba, pensé que ella no querría ahora que la importunara. La sesión de sexo a distancia había terminado. Félix volvió cinco minutos después, cuando yo ya estaba creando el usuario nuevo para Cris, y me preguntó dónde estaba su hijo.
-Hija, Félix. Hija. Debe estar descansando del viaje. – Le dije, escondiendo la media sonrisa que apareció en mi cara, quizás pensando lo bien que me lo iba a pasar ese verano.



Continuará, Fidel. A ver si en medio haces algún dibujito, que estás de un vago… ;)
Hasta luego, maestro.

3 comentarios:

  1. WOWWW. muy buena la historia . seguí por favor

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  2. Esto es una total crueldad fidel . colocar esta historia tan excitante a medias. Y no quiero imaginarme como serán los bocetos de la misma...... Ya vuelvo voy a....

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  3. Ufff.... que corrida...intenso. Saludos Anónimos.

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