sábado, 31 de enero de 2015

La historia de Sergio, 5.



Félix se llevó a Cris a su habitación, sin molestarse en cerrar las puertas.
Podía oírles perfectamente. Podía imaginar lo que estaban haciendo solo con oírles.
Cris se quejaba que le hacía daño, con unos ahogados gemidos y unos “ayayay” bajitos, para de pronto dejar paso a unos “así así” y también “déjala dentro”, y luego “más rápido, sí, sí, fóllame así, fóllame!”. Los ruidos del somier, de sus cuerpos, los gemidos, invadían mi mente y llenaban todos los rincones de la casa.
Mi verga estaba dura de oírla a ella, pero a la vez me invadían oleadas de furia contra mí mismo por estar ahí en el sofá presenciando aquello. Era yo el que tenía que estar ahí.
No sólo había furia. Creo que me comían los celos. Celos! A los cincuenta y pico volvía a padecer todo aquello que con la edad pensaba que ya había superado. Furioso y ridículo.
Tenía tres posibles salidas de aquella situación. Recuerdo bien esas opciones a pesar de mi innegable borrachera:
Una era salir disparado dando un portazo, para dejar bien patente mi indignación, y salir con la cabeza bien alta. Idiota!
Otra era presentarme en el dormitorio, apartar a Félix y follarme a su hija delante de él.
Y la otra seguir meneándomela en el sofá, simulando estar dormido, y esperar a ver si después de Félix ella se iba a su habitación y entonces entraría yo.
De las tres opciones la que menos problemas me traería al día siguiente era la tercera. Las dos primeras opciones tendrían efectos posiblemente devastadores sobre mi negocio, porque al final, entre Félix y yo se enrarecería el ambiente y empezarían las peleas. Félix siempre había sido muy tradicional en sus ideas, un poco conservador, también. No creo que acepte nunca hacer un trío, por ejemplo, y tampoco me reconocerá en la cara que tiene una relación incestuosa con la hija, porque si no, es como si me hubiera mentido,  a mí y a todos, durante toda su vida, acerca de los “valores morales”.
Cavilando así creo que me quedé dormido.
No sabía qué hora era, pero me desperté a media noche sintiendo el calor y el olor del cuerpo delgadito de Cris encima de mí, su boca recorriendo mi barbilla y susurrándome cosas al oído. Medio dormido, con la sensación de estar soñando, inspiré el olor de sus cabellos, de su piel, de su cuerpo. Noté el olor del sexo, del semen, incluso del sudor. Noté la magia de las feromonas activando todos mis resortes del placer, enamorándome.
Noté sus pechitos a través de mi camisa, su pene durito y calentito apretándose contra mis pantalones. Mis dos manos fueron directamente a sus nalgas. Todo su cuerpo estaba ardiendo. Me rodeó el cuello y trajo sus labios a los míos, y con la lengua recorrió mi boca y volvimos  a regalarnos otro de esos maravillosos besos largos y profundos que recordaré toda la vida.
Mis manos la recorrían a ella desde la nuca hasta los muslos, pero me detenía en su agujerito para comprobar cuan apretado estaba, pero las yemas de mis dedos se deslizaban hacia dentro  sin resistencia. Uno, dos, tres, cuatro dedos: el corazón y el índice de mis dos manos haciéndola gemir y haciéndola morderme el labio con su boquita.
-Todavía no, mi amor. – me susurró, apartando mis manos, y seguido, se escabulló hacia abajo, acabó de sacarme la polla fuera del pantalón (porque hacía rato que sus manos estaban metidas en mis pantalones), y se la metió toda en la boca, con glotonería, a lo bestia, hasta la campanilla. La tuvo un rato. Se la acomodaba, como si se la fuera a tragar. A mí eso no me gustaba mucho. Bueno, sí, pero más me gustaba que jugara con mi capullo, con el glande, para ser más finos. Le levanté la cabeza para indicarle dónde debía trabajar.
Obediente, se puso a jugar con mi polla de una manera que ni las mejores actrices porno lo hubieran hecho. Tal maestría con la lengua sólo podía ser fruto de muchas mamadas. No le faltó ni un centímetro por recorrer, chupar, mordisquear. Jugó con mis huevos, me estiraba la piel del escroto, me pasó la lengua hasta por el ano. La luna iluminaba la noche de verano ahí afuera y al contraluz se recortaba el cuerpo de Cris como un mar de curvas sinuosas.
Al contraluz vi su cabecita de pelos revueltos emerger de mi entrepierna para tomarse un respiro y al contraluz vi como mi verga mojada salía de su boca y entre ellas una fina cuerda de saliva transparente se descolgaba lentamente.

lunes, 26 de enero de 2015

La historia de Sergio (parte 4)

Que lindas las nenitas que dibujaste! Pero yo no soy mi la mitad de guapo que el tipo que hiciste! jajaja. Ya me gustaría tener semejantes atributos!! Si quieres ser más fiel a la realidad, te mando una foto de mí desnudo y te basas en ella. De Cris, desgraciadamente no tengo ninguna foto desnuda, pero sí que nos hicimos alguna en el puerto. Aunque no sé si enviártela... Hoy en día no se sabe que puede pasar con las fotos en internet. Después es imposible borrarlas y las consecuencias pueden ser desastrosas!
En cuanto al dibujillo de Cris con el abuelo: ya te empieza a volar la imaginación o qué?
Desconozco si Cris coincidió alguna vez con su abuelo paterno, que vivía en Málaga, pero si eso que dibujaste hubiera sucedido, sería cuando se fueron a vivir con su abuelo materno a Madrid. Ahora que lo pienso, estaría bien averiguarlo... Le daría morbo añadido a la historia, pero yo creo que ya tiene bastante de eso.

Bueno, Fide.  Sigo que despues me quedo sin tiempo.

Aquel dia en la puerta de la cocina la besé por primera vez y fué mágico. Ella se apartó con suavidad y se dió la vuelta. Me susurró al oído: "Ya buscaremos la ocasión para jugar tu y yo, mi amor, ahora deja que me vista" y se fué a la habitación antes que saliera Félix del baño.
Después el dia se complicó y no pude volver a ver a Cris, lo que me dio mucha rabia.
Por suerte, al dia siguiente Félix trajo a Cris al dique seco. A mí me dijo que había obligado a su hijo a venir ( la cita es textual: había olvidado todo lo que le aconsejé el primer día), y que le había dicho qué ropa se tenía que poner. Luego Cris me contó que fué ella la que le pidió venir (para poder verme) y cuando él le puso objeciones ella le dijo que para que no tuviese que explicar nada se vestiría como un chico, que ella ya había pensado en eso.
Yo conozco a Félix y sé que es un tipo honesto y que no acostumbra a mentir, pero se ve que en esta ocasión pudo más su vanidad.
A su vanidad achaqué esa primera mentira de Félix; pero cuando le pillé en otra, unos días después, me di cuenta que la fachada que intentaba mostrarme Félix en cuanto a su relación con su hija era la opuesta a la realidad. Era su hija trans la que controlaba el qué y el cómo, el cuándo y el porqué. Y buscando las razones de porqué Félix se desgañitaba por hacerme ver que era él quien mandaba en la casa, me di cuenta que intentaba tapar algo que le horrorizaba que yo supiera, y eso no podía ser otra cosa que la existencia de una relación incestuosa entre él y su hija.
La suposición era en sí misma repugnante. Me pregunté si era mi mente degenerada la que me mostraba un razonamiento tan desviado, pero preferí valerme de la intuición y fijarme en los detalles, aquéllos que me dieran indicios de esa relación. En la relación entre Cris y yo, a la que volveré más adelante, las miradas cómplices eran lo que podían delatarnos ante alguien que buscara ese tipo de indicios. Pero eso se daba en una relación de la que las partes no se avergonzaban. En una relación incestuosa, intuía bien yo, lo que había que buscar eran más bien indicios de un sentimiento de culpa, incluso de vergüenza, en ellos. Evidentemente no le podía preguntar directamente el tema a ninguno de los dos, porque no lo reconocerían nunca. Hubieron varias actitudes que me venían a confirmar las sospechas de la existencia de esa relación, aunque no puedo precisar ahora cuáles exactamente.
La confirmación por vía digamos accidental, vino mas o menos a la semana de estar Cris en casa de su padre.
Yo, que forzaba siempre la máquina para quedarme a solas con Cris, o como mínimo un ratito en su casa, aunque estuviese Félix, había propuesto una partida de cartas en casa de Félix, a lo que éste se opuso frontalmente. Cris acabó por convencerle, claro. Una vez en la partida, mi plan era que termináramos lo suficientemente borrachos (yo solo en apariencia), como para que Félix se durmiera y yo pudiese follarme a Cris, y también para justificar que yo me quedara a dormir, ya que no podría conducir a casa ebrio.
La partida terminó y el único borracho ahí era yo. Felix tenía mucho aguante o habría tirado el wisky a la planta que tenia medio seca en la esquina de la pared de la ventana, sino, no me lo podía explicar. Por lo menos una parte del plan había dado resultado, porque yo no podía volver a casa en ese estado. Una vez conseguido al menos el objetivo de quedarme, decidí cambiar de estrategia y hacer ver que estaba más borracho que lo que realmente estaba. Pensaba, en mi medio lucidez, que Félix tendría prisa por irse a la cama, y de esa manera, dejándome a mí en el sofá, poder meterse en la habitación de Cris y follársela.
Con ese plan en la cabeza me tumbé en el sofá y dije algo como –uy, la cabeza me da vueltas, voy a ver si duermo un poco.
Debió ser muy convincente mi actuación, porque al poco rato Félix le estaba preguntando a Cris que llevaba debajo del pijama, y le estiraba y bajaba el pantalón.

Para mi sorpresa, Cris le seguía el juego con mucha naturalidad. Yo creía hasta el momento que Félix la forzaba de alguna manera, pero me equivocaba. Cris se sentó encima de Félix, con el culito en pompa, y ella misma se bajaba los pantalones del pijama. Debajo no llevaba nada. Felix se maravillaba del cuerpo de Cris. La manoseaba por todas partes, con ansia. Me recordaba a aquellas películas de la época del destape, en los años setenta, que salía la típica macizorra que el paleto con boina de turno la frotaba como si fuera una lámpara mágica, todo lo más alejado del erotismo que había visto nunca. Yo estaba poniéndome duro otra vez, y en la distracción  había dejado de roncar. Cris se dio cuenta, me parece. Pero en lugar de decirle al padre que parase de tocarle, se puso de pié delante de el, con el cuerpo doblado sobre la mesa, las piernas abiertas, y con la mano atrajo la cara de Félix hasta la rajita de su culito y le dijo: “venga papi, dame unos lametones”. Podia oir claramente esos lametones. Los recuerdo como si los estuviera oyendo ahora: SLAP SLAP. Félix lo hacía todo como nervioso, moviédose rápidamente. Movía la cabeza con la cara atrapada entre las nalgas de Cris, que temblaban. Incrustaba la cara de modo que solo se le veian las orejas.Cris tiene un culo descomunal. No por ancho, sino por profundo. Me refiero que cuando le metí la mano, aquel dia en la puerta de la cocina, entraba casi toda, de lado. A Cris lo que le estaba haciendo su padre le encantaba. Lo decía en voz alta, casi gritando. El padre de vez en cuando le decía que se callara, que me iba a despertar. 


Continuaré mañana, Fidel. 

domingo, 25 de enero de 2015

Cris con su abuelo


Cris provocando


Bocetos sobre Cris y Sergio


Carta de un lector, o la historia de Sergio. (y III)


Aquel primer dia de Cris lo recuerdo perfectamente. Donde tengo alguna laguna temporal es en los días posteriores, sobre todo en la primera semana, porque fueron un montón de situaciones a cual más morbosa, y no sabría situarlas una a continuación de la otra exactamente. Lo que sí recuerdo es que tuve que inventar alguna excusa convincente para pasarme por casa de Félix. Normalmente nos veíamos en el puerto pesquero y no solíamos ir a casa del otro salvo los fines de semana que Félix acostumbraba a venir a casa para hacer un vermú. Ahora que lo pienso, ¿no será el vermú de los sábados una excusa para ver a mi mujer? Mmmm... a ver si voy a ser yo el cornudo? Bueno, y qué. Si mi mujer es feliz zumbándose a mi socio... La verdad es que me importa un carajo. Últimamente a "la gorda" no le hago ni puto caso, así que bienvenida sea una ayudita, ¿no?
El caso es que esos primeros días no salíamos a pescar, lo dedicábamos al mantenimiento del casco y los aperos de pesca, en el muelle, así que nos pasábamos el día de arriba a abajo comprando cosas en la ferretería, la casa de pinturas, el hipermercado, en fin. Para todo usamos la furgoneta de la empresa, una Citroën Berlingo a la que le habíamos tenido que volver a poner los asientos de atrás para ir a buscar a Cris a la estación. Félix y yo habíamos quedado que él tendría la furgoneta por si tenía que llevar a Cris a cualquier parte.
Me presenté en su casa más temprano que de costumbre. Mi primo hacía cara de dormido.
-¿Qué haces tan temprano, macho? ¿Te caíste de la cama?
-Tenemos que ir a buscar el cabrestante reparado. Habrá que sacar el asiento trasero, ¿no?
-Ah, vale. Pasa. ¿Un café?
-Claro.
La puerta del cuarto de Cris estaba cerrada. Seguí a Félix a la cocina. Encendió la cafetera y sacó el azúcar, la leche y una taza.
-Ya sabes cómo va. –dijo señalando la cafetera. -Voy a ducharme.
Fue irse Félix y al segundo y medio salió Cris de su dormitorio, como si estuviese esperando detrás de la puerta. Vino a la cocina vestida únicamente con una camiseta de tirantes celeste, muy ligera, casi transparente, que le tapaba apenas las braguitas. Debajo llevaba unas braguitas blancas con estampado de flores o estrellas rojas, un borde rojo y un lazo blanco, y en los pies unos calcetines gruesos, de dormir, de color rosa y topos blancos. el pelo revuelto, tapándole media cara.
-Hola tío Sergio. -me dijo, rodeándome el cuello con sus brazos y dándome un beso en la mejilla, pero muy cerca de mi boca.
Yo la sujeté de la cintura y la cadera, y respondí a su beso dándole otro a ella, también cerca de su boca, y en  lugar de separarnos enseguida, la apreté contra mí suavemente, sintiendo sus pezones puntiagudos en mi pecho, para decirle al oído:
-Has dormido bien?
Ella me siguió el juego: apretó su vientre contra mí y adelantó una pierna para rozar la mía, y me dijo:
-No. Estoy muy solita. Me gusta jugar un poquito antes de dormir...
-Eso será complicado. Tendremos que jugar en otro lugar y momento, ¿no crees?
Mis manos estaban ya dentro de sus braguitas. Nuestras bocas se tocaban al hablar. Toqué su miembro duro. Apreté suavemente en la base. Tenía la piel muy suave y tierna. Se notaban también las puntitas depiladas del vello púbico. Ella daba pequeños gemidos cuando mis dedos jugaban en su entrepierna. El roce de nuestros labios dió paso a ligeros mordiscos, y nuestras lenguas se tocaban.
En ese momento oímos la puerta del baño cerrarse. Nos separamos como empujados por un resorte. Recuerdo que me dio un subidón de adrenalina, y se me dispararon los latidos. Me serví el café temblando casi. Cris se dio la vuelta para coger un vaso de agua. Los dos estábamos escondiendo nuestra excitación bajo el mármol de la cocina, y los dos miramos hacia el pasillo, esperando ver a Félix, pero no fue así. Félix había entrado en el baño, no salido. Seguramente donde había ido antes era a su habitación. La situación de incerteza (de si nos había visto o no) me preocupaba bastante. Habría que extremar las precauciones, pues. La conclusión es que tendría que retomar la estrategia de la distancia.

Mientras yo cavilaba de esa manera, Cris parecía tener mucho menos miedo que yo. Claro que ella no tenía tanto que perder como yo, si nos pillaran haciendo marranadas. La estrategia de la distancia se distanciaba otra vez, pero no por mi voluntad. Cris me siguió hasta el patio trasero, donde yo había salido a tomar el aire. Se quedó en el marco de la puerta de la cocina. En ese sitio Félix no la podría ver hasta llegar a la cocina, en cambio ella podía controlar la puerta del pasillo a través del ventanal del comedor que daba al patio, solo adelantando un poco la cabeza. Yo sí que quedaba más expuesto, porque Félix me vería a través de la ventana nada más salir del baño.
Ella se levantó la camiseta hasta el cuello y empezó a tocarse los pezones, haciendo círculos con los dedos y pellizcándolos. Yo tenía la taza en una mano y la otra en el bolsillo del pantalón, acomodándome la polla. La miraba, como ayer, imaginando que era yo el que la tocaba.
Se dio la vuelta. Se agachó mirando hacia el comedor y se bajó las braguitas hasta los tobillos. Su culo redondito, marcado por el "tan line" (de un bikini que me gustaría vérselo puesto) lo movía de un lado al otro, mientras con las manos separaba las nalgas, enseñándome el agujerito precioso,  e invitándome a tocarlo.
Me acerqué hasta ella todavía con la taza en la mano. Metí el canto de la mano en su rajita. Ella subía un cachete mientras bajaba el otro, haciendo un sándwich con mi mano. Yo iba controlando la puerta del baño de vez en cuando. Ella me apartó la mano y se apretó contra mi bragueta. Encontró el bulto de mi sexo y cuando lo tuvo entre sus nalgas hizo lo mismo que con mi mano. Menuda putita estaba hecha mi sobrinita y cómo le gusta el riesgo. Esa misma situación sería muy diferente si no hubiera la posibilidad que Félix nos pillara nada más salir del baño. Me arriesgué un poquito más y dejé de vigilar la puerta del comedor para  intentar besar a la angelical criatura que tenía delante. Toqué esas tetitas puntiagudas rodeándolas con mis dedos y apretándolas una contra otra. Le besé el cuello y con la lengua lo recorrí hasta la oreja y la deslicé por la cara hasta encontrar sus labios. Y cuando nuestras bocas se encontraron ella suspiró fuerte, como si ese beso fuese algo que estaba esperando ansiosa, un “mhh” que me sonó tan femenino y sexual, que aumentó mi deseo (¿aún más?) y quedó grabado entre mis escenas favoritas y recurrentes. Tanto que cada vez que tengo ese recuerdo me pongo duro. El beso por supuesto fue supremo, pero lo que diferencia ese primer beso de todos los que nos hemos dado, fue la pasión, el ardor que contenía. Puedo recordar el sabor de su saliva. Dios. Creo que fue en ese momento que me enamoré de ella.


Fide, tengo más, pero tengo que ordenarlo y transcribirlo, y ahora no puedo. Prometo seguir mañana. Oye, todavía no he visto dibujos. Venga,  a qué esperas, nene??

jueves, 22 de enero de 2015

Marcelo visita a su primo, pag 14

FAP FAP FAP!!
Esto se calienta, señores!! Slomo ya está operativo y aquí tenéis la prueba. La nueva versión del comic de "Marcelo visita..."  tiene muchos momentos jugosos y muy porno. Disfruten!


miércoles, 21 de enero de 2015

Carta de un lector, o la historia de Sergio. (y II)



Bueno, aquí estamos de nuevo.

No desesperes, que esto va para largo. Tengo ganas de contarlo todo, con detalle. Y me cuesta horrores no ir al grano, a las situaciones jugosas. Tengo cosas escritas que las guardo para luego: no quería olvidarlas, y por eso las escribo cuando me vienen a la cabeza. Son muchas cosas las que han pasado y se me agolpan todas al final de los dedos, queriendo salir todos los recuerdos en desorden, como si el tiempo fuera un puzle. Sólo han pasado unos días desde que te escribí el primer e-mail, pero yo llevo dos semanas recordando y escribiendo. Escribo, re-escribo, luego selecciono un trozo y lo pego en el relato principal, allí donde toca.
También ayuda que lo tengo todo muy fresco, ya que todo pasó este verano. Sigo:

Durante el trayecto en coche nadie dijo una palabra, pero cuando llegamos a casa de Félix, me ofreció tomar unas cervezas.
Nos sentamos en la pequeña sala de estar. Apenas un sofá de dos plazas, un par de sillas, una mesa cuadrada y una modesta cómoda era todo el mobiliario que cabía en esa habitación. Félix se sentó en una de las sillas, frente a mí, al lado de la puerta de la cocina. Yo tenía a mi derecha la puerta del pasillo de entrada, donde se distribuían las dos habitaciones y el lavabo. La ventana-puerta a mi izquierda daba al jardín trasero, donde también daba la cocina. Todas las puertas estaban abiertas, para que corriese el aire. Félix bebía la cerveza absorto en sus pensamientos. Yo no decía palabra. Cris había ido a su habitación a dejar la maleta. Miré sin querer hacia su puerta entreabierta y me dio un sofoco: entre el marco y la puerta no habrían más de treinta centímetros, pero fue suficiente para ver a Cris sacando la ropa de la maleta. Se había quitado el short y sólo una fina tira de tela atravesaba sus nalgas redondas y blanquitas. El contraste de la piel blanca y la que había empezado a tostar el sol, todavía sonrosada, era tremendamente provocativo. Bebí un trago de cerveza y miré a Félix, que afortunadamente no me había visto sofocarme. Sentía los latidos de mi corazón desbocado y tenía las orejas ardiendo. Miré otra vez hacia la puerta, simulando rascarme la oreja para poder ladear la cabeza. Me encontré con la mirada de Cris, que en un gesto brusco giró la cabeza. ¿Estaba controlándome? Siguió sacando ropa de la maleta, y me dio la impresión que bailaba. Las nalguitas temblaban ligeramente cuando cambiaba la pierna de apoyo. No, no bailaba: exageraba el movimiento cada vez que se incorporaba o se giraba, de manera que sus nalgas se movían por eso.
- Te vas a arrancar la oreja, macho! - Félix me sacó del ensimismamiento.
- Bueno, no habría mucha diferencia, estoy medio sordo! - dije sonriendo, para quitar tensión.
- Qué te parece? - me dijo, señalando con un gesto de la cabeza hacia donde estaba su hijo.
- Pues... euhh... ha cambiado, ¿no? quiero decir que... bueno, ya lo sabías, no? Tú lo viste en Navidad, y eso.
- Pfff! Lo ví mas... vestido. Claro, hacía frío. Pero llevaba el pelo normal. Largo pero normal. Y no llevaba maquillaje! -Lo decía todo en voz baja, mirando de vez en cuando hacia la puerta del pasillo. Yo temía que viniese a mi lado, al sofá, y descubriese mi perspectiva, así que me levanté y fui a la cocina, a dejar la botella vacía en el cubo de basura. Al pasar al lado de Félix le hice un gesto, para que me acompañara.
- Tienes que olvidarte de los prejuicios, primo. Es una chica, toda una señorita. Tienes que tratarla con cariño y respeto. Es tu hija, por dios! No le hagas notar que es diferente. Trátala con normalidad. Si no, no te va a durar ni un segundo aquí. Entiendes?
- Buf, Sergio, ojalá fuera tan fácil! La verdad es que tengo una mezcla extraña de sentimientos. Por un lado, hasta me parece atractiva y todo! Te lo puedes creer?
- Si, Félix. A mí también me lo parece. Pero hazme caso: tómatela en serio. Si la tratas como a un chico, la ofendes. Bueno, tío, me voy pa casa. Tengo cosas que hacer.
-Ah, se me olvidaba! Tienes que ayudarme con el ordenador, Sergio. Te acuerdas que te lo dije?
- Sí. Pero tiene que ser ahora?
-Sería mejor. Cristian, digo Cris, se querrá conectar y quiero crear un usuario. Tengo el pc lleno de porno. Y no quiero que lo vea.
-Joder, Félix. Búscate una mujer, macho. Te vas a quedar ciego con tantas pajas.
-Jajajjaj. Venga. Te dejo el portátil aquí y me lo preparas. Yo tengo que ir a por pan, no tardo nada.
Félix fué a su habitación y trajo el ordenador portátil al comedor. Lo enchufó a la corriente y lo dejó arrancando encima de la mesa.
-Menudo dinosaurio. Es Windows vista? Va a ser complicado…
-Nooo es Siete. Pirata. Hala, hasta luego.
Vi salir a Félix por la puerta de la calle, al final del pasillo. Medio segundo después se abrió la puerta del lavabo y salió Cris, que se dirigía hacia mí. Llevaba el tanga que le vi en la habitación y una camiseta de tirantes con volantes en el escote. Las dos tiritas del tanga se juntaban formando una suave V bajo su barriguita. Un poco de vello púbico asomaba encima del tanga minúsculo. Se notaba el pequeño bulto del pene, como se metía hacia dentro entre sus piernas. Caminaba como una modelo, descalza, y su fina cintura  acompañaba el movimiento de las caderas. Tardó muchísimo en llegar hasta la puerta de su cuarto, o eso me pareció a mí. El pasillo estaba un poco oscuro, pero creo que vi cómo me sonreía. Evitó mirarme a los ojos, salvo cuando estuvo a punto de entrar en su cuarto, durante un instante. Una mirada de fuego, desafiante de deseo. Entró en su cuarto  y recuerdo nítidamente ver la curva de su espalda convertirse en el culito respingado, de una redondez perfecta, y verlo desaparecer un instante después, como si fuese un vagón de cola entrando en un túnel. La puerta quedó abierta. Yo salí de mi parálisis y me senté en el borde del sillón más cercano al pasillo.
A través de la puerta abierta (del todo, creo) la vi quitarse la camiseta. Al levantársela, con los dedos arrastrando la piel a su paso, levantaba sus tetitas y las soltaba haciéndolas mover. Los pezones, pequeños y casi del mismo color que su piel, eran la punta de dos montañitas puntiagudas, un poquito redondeadas por abajo. No eran unas tetas colgantes, sino de aspecto duro, que se movían lo justo. Ese cuerpo era un espectáculo y ella me lo estaba enseñando de forma consciente. Estaba haciendo una coreografía erótica para mí. Yo era a la vez consciente de eso. Y me esforzaba por permanecer en mi sitio por aquello que te comenté de mantener la distancia. Pero mi actitud, por quedarme allí, era la de un voyeur, un mirón. La situación tenía su morbo. Pensé que podía mantener la distancia física, pero hacerle el amor con los ojos. Mirar sin disimulo a alguien a quien le gusta ser mirado. Ya encontraría el momento de acercarme y tocar aquellos pechitos, de acariciar la curva del vientre y meter los dedos dentro de ese tanga tan pequeñito.
Cris se había dado la vuelta y jugueteaba con las tiras del tanga, estirándolas y soltándolas, haciendo temblar las nalgas como si fueran latigazos. Ahora subía una tira hasta casi los hombros, mientras la otra bajaba, para luego hacer el movimiento al revés, haciendo que las tiras se retuerzan y se enrollen rodando arriba y abajo de las deliciosas nalgas. Las piernas largas de Cris se juntaban y separaban, las caderas se movían de un lado al otro.
Me tuve que acomodar la polla. Me dolía porque estaba estirando contra la bragueta. Dejé la mano dentro: la tenía como una piedra. Ella se dio la vuelta y siguió con el bailecito. El tanga había desaparecido y su pequeño pene me apuntaba tieso. Cris miró mi bragueta y se pasó la lengua por los labios. “Ya te la daré toda, nena. La vas a saborear desde el capullo hasta los huevos” me acuerdo que pensé. Ella se tocaba la punta de su pene con el dedo índice. Lo metía dentro, entre la piel y el glande. Lo hacía girar alrededor del glande y luego se chupaba el dedo. Su mano izquierda aparecía por detrás de su culito,  sus dedos finos apartando las nalguitas. Puso una pierna encima de la cama, para que yo pudiese ver mejor esa parte. Los dedos acariciaban ahora el ano, y se iban metiendo, ahora uno, ahora otro, mientras la otra mano sobaba el pene y los testículos, que no colgaban como los normales, sino que estaban como muy escondidos. Cris estaba gimiendo ahora. Aceleró el ritmo de sus tocamientos. Metía y sacaba los dos dedos en su culito, se arqueaba, separaba más las piernas, jadeaba, se movía como una serpiente… Mis ojos iban de su boquita a sus caderas, de su pene a las tetitas, y mi mano frotaba fuerte mi polla que estaba a punto de reventar.
El cuerpo de Cris se sacudía en espasmos,  estaba al borde del estallido. Se agarró fuerte el pequeño y rígido pene y lanzó un gritito ahogado por la boca a la vez que un fino chorrito de semen salió disparado del hueco de la mano que lo encerraba. La vi temblar y caer literalmente sobre la cama. Yo también me corrí, dentro de mis calzones, pero aunque puse la mano como receptáculo para el semen, no sirvió de mucho porque eché tanta cantidad que desbordó y noté como el semen se me desparramaba por dentro. Fui rápido al lavabo, con la mano dentro del pantalón, mientras con la otra intentaba quitarme el cinturón. Al pasar por la puerta de Cris, vi como ella empujaba la puerta con el pié, desde la cama, para cerrarla. Mientras me limpiaba, pensé que ella no querría ahora que la importunara. La sesión de sexo a distancia había terminado. Félix volvió cinco minutos después, cuando yo ya estaba creando el usuario nuevo para Cris, y me preguntó dónde estaba su hijo.
-Hija, Félix. Hija. Debe estar descansando del viaje. – Le dije, escondiendo la media sonrisa que apareció en mi cara, quizás pensando lo bien que me lo iba a pasar ese verano.



Continuará, Fidel. A ver si en medio haces algún dibujito, que estás de un vago… ;)
Hasta luego, maestro.